Vicente Garrido: “queda todo prácticamente” en el acuerdo del P5+1 e Irán

Vicente Garrido (director del INCIPE)

El reciente acuerdo interino alcanzado entre el Grupo P5+1 e Irán, sobre el programa nuclear de este último, ha reabierto las expectativas de lograr una mejora en las relaciones entre Teherán y Occidente. Dicho acuerdo ha desatado euforia y escepticismo a partes iguales en todo el mundo, al tratarse del primer compromiso respecto al programa nuclear iraní en la última década. Con la intención de esclarecer ciertos aspectos del acuerdo y analizar las posibles consecuencias del mismo hemos entrevistado a Vicente Garrido, director del Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior (INCIPE).

Al tratarse de un acuerdo interino, ¿podría considerarse un hecho histórico o tan sólo un paso de un largo proceso?

Yo creo que es más esta segunda cuestión, es decir, el hecho histórico es que después de haber estado paralizadas las negociaciones sobre el tema nuclear desde hace más de una década, con muy pocos avances, podemos tener un principio de acuerdo. Pero ahora lo que hay que verificar es que realmente se cumple lo que se firmó en Ginebra, es decir, queda todo prácticamente: cuando comience la verificación, cuando se compruebe que se ha parado el reactor de Arak, y que se cumple el compromiso de no enriquecimiento de uranio por encima del 20% y que el máximo permitido se va a quedar ahí, es cuando podremos hablar de un éxito. De momento es un pacto entre caballeros, un compromiso a 6 meses; es decir, en los próximos 6 meses vamos a ver la voluntad de Irán para cumplirlo.

¿Por qué cree que se ha alcanzado el acuerdo ahora?

Sobre todo, y es la opinión de la mayoría de los expertos, se debe a que el efecto de las sanciones ha sido demoledor para el programa nuclear y de hecho estos últimos años de sanciones al programa nuclear iraní se ha incrementado mucho más las inversiones en el programa, más que en las inversiones estos últimos 15 años. Es decir, es una demanda interna, no sólo por parte de la población, sino también por parte de los líderes, el que las sanciones se suavizasen, aunque estamos hablando de un acuerdo en el que de forma provisional se van a liberar 7.000 millones de dólares de una partida global de 100 mil millones de dólares, que para el caso de las sanciones estadounidenses, se tiene todavía que liberar. Es decir, es una parte mínima pero que empieza a aliviar.

Hay una encuesta de opinión que se realizó en Irán sobre el mes de octubre sobre la opinión de la población acerca de las sanciones y el programa, sobre qué era más importante: si el levantamiento de las sanciones  o el programa. Y aunque una parte importante de la población manifestaba que las sanciones les había afectado de una manera considerable, también consideraban que Irán en ningún caso debería renunciar a su programa nuclear.

Es importante, hasta ahora tanto las autoridades iraníes como la población iraní defienden el derecho a tener capacidad nuclear, limitada eso sí. La clave es qué cantidad de uranio, a qué nivel de producción y en qué instalaciones. Pero la población sí que entiende que no programa nuclear militar, pero sí programa nuclear civil, que está permitido en virtud del artículo 4 del TNP.

¿Supone entonces este acuerdo reconocer o negar a Irán su derecho a enriquecer uranio?

Este acuerdo tan sólo limita la capacidad de enriquecimiento. El problema está en que Irán se presentaba a las negociaciones de Ginebra con una capacidad de enriquecimiento inferior al 20%, que es lo que preocupa, señalando que podrían enriquecer más. Lo que preocupa realmente es pasar ese umbral del 20%.

Aún así, enriquecer por encima del 20% no está prohibido por el TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear). El TNP establece unos umbrales altísimos para prohibir a un Estado el enriquecimiento del uranio por encima del 90%. Y todas las negociaciones con Irán giran en torno a un punto: si dejamos que Irán enriquezca por encima del 20%, entonces el proceso para llegar al 20% es mucho más laborioso que después pasar del 20 al 90%. Todo el debate giraba en torno a si se debería de parar la capacidad del 20%. Lo que se ha acordado en Ginebra es parar el enriquecimiento del uranio al 20%, no enriquecer por encima de ese 20% y dejarlo generalmente limitado solamente al 5%. Ese 5% que es realmente relevante a efectos militares, a efectos de poder hacer una bomba.

¿Qué repercusión puede llegar a tener este acuerdo en la región y en particular en la relación de Estados Unidos con Israel o con Arabia Saudí?

La cuestión de Israel ha sido muy crítica desde el primer momento porque lo que ha señalado es que lo que se le ha hecho a Irán es un acuerdo sin precedentes. La posición de Israel consistía en que no podía haber ninguna concesión en el levantamiento de las sanciones hasta tener garantías, no ya de no producción o de reducir el enriquecimiento al 5 o al 20%, sino que debería destruirse su capacidad nuclear, eliminando las centrifugadoras.

En parte es menos radical la posición de Arabia Saudí, que considera que si se alivian las sanciones eso podría ser utilizado por Irán para seguir un modelo como el norcoreano, un sistema basado en el chantaje, es decir, yo paro de momento el programa, pero como el acuerdo de Ginebra está limitado a no enriquecer uranio al 5% en los próximos 6 meses, después de los 6 meses voy a seguir produciendo.

Arabia Saudí también mantiene que el levantamiento de las sanciones puede ser aprovechado precisamente para acelerar después las inversiones en el propio programa nuclear e incluso tener después más ventajas. El sistema de concesiones provisionales que a la larga pase factura en la modernización del programa, y sobre todo lo que preocupa en el principio de acuerdo al que se llegó el 24 de noviembre es que Irán se comprometía a congelar la construcción del reactor de agua pesada de Arak.

Arak es lo que realmente preocupa a Israel y Arabia Saudita, porque es un reactor de agua pesada capaz de producir plutonio, lo que llamamos un reactor plutorífero. Ese reactor está paralizado, entonces la principal crítica de Arabia Saudí e Israel es que se ha paralizado el reactor por el efecto de las sanciones, no porque realmente haya una voluntad de Irán por no terminarlo de construir. La crítica de los vecinos que no ocultan también la rivalidad chií-suní, en el caso de Arabia Saudí es esto.

En el caso de Israel son muy críticos, sobre todo con la parte del levantamiento de las sanciones, ya que consideran que los 5+1 todavía tenían algún instrumento para presionar a Irán para que terminara completamente con el programa nuclear, y ahora con el levantamiento tibio de esos 7 mil millones de dólares que le decía, aunque tengan una parte todavía bloqueada muy grande, perderían esa capacidad de poder presionar sobre la totalidad del programa nuclear. En una negociación siempre hay dos partes y si no se está dispuesto a ceder tampoco sería posible llegar a ningún avance.

Por último, ¿considera que este acuerdo puede ser vulnerable debido a las presiones que ejerce Israel o incluso algunas voces contrarias al mismo en Teherán y Washington?

No creo que sea vulnerable en el sentido de que una mayoría republicana en el Congreso estadounidense no ve con muy buenos ojos un levantamiento total de las sanciones. La vulnerabilidad del acuerdo va a venir, como decía al principio, cuando se empiece a aplicar. Bajo mi punto de vista, un punto clave para observar su posible vulnerabilidad será cuando se establezca el acceso a las instalaciones, principalmente en reactor de Arak. Irán no ha permitido el acceso a todas sus instalaciones, así que los próximos 6 meses van a ser la prueba de fuego, cuando se comience la verificación.

Hay una diferencia, porque claro, esto ahora lo estamos viendo con Irán, pero el fin de semana unos expertos preguntaban a Obama en qué se diferencia este acuerdo del acuerdo fallido firmado por Ronald Reagan con Pakistán, para limitar también su capacidad de enriquecimiento; o al acuerdo fallido al que legó en 1994 el presidente Clinton con Corea del Norte. Y el presidente Obama respondió: “no lo sé”. Es decir, no lo sabemos, de momento es mejor esto que nada y lo que sí está claro es que se tiene mucho miedo al efecto dominó que esto podría causar en el caso de que fracase todo y finalmente no podamos contener a Irán. No solamente para acabar con el TNP definitivamente y el sistema de verificación de la AIEA (Agencia Internacional de la Energía Atómica), sino las consecuencias que podría tener para otros Estados. Por eso es tan importante asegurarse si se le va a permitir a Irán solamente el enriquecimiento de uranio hasta unos límites, ya que es la primera vez que se establece en un Estado que está excesivamente cerca de lo que consideramos sensible o peligroso para fabricar un arma nuclear.

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