TTIP: contra el narcisismo de las pequeñas diferencias

Los pasados 1 y 2 de julio tuvo lugar, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander, un curso de verano organizado por la oficina de la Comisión Europea en España sobre el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión, TTIP, por sus siglas en inglés.

El curso abarcó todos los aspectos del TTIP, desde el estado de las negociaciones hasta sus implicaciones económicas, geopolíticas y jurídicas, pasando por la visión de las empresas, los sindicatos, los parlamentarios y las asociaciones de consumidores.

Por una parte, se constató que las negociaciones, que comenzaron en 2013 y van ya por su quinta ronda, avanzan a buen ritmo, lo que podría permitir que se alcanzara un acuerdo ambicioso (que fuera más allá de la reducción de aranceles, y que cubriera algunos aspectos regulatorios clave en los sectores donde existen más ganancias potenciales de la liberalización) para finales de 2015.

El negociador principal de la Unión Europea, el español Ignacio García Bercero, explicó además que existe poco fundamento en las críticas que últimamente ha recibido el TTIP por parte de la sociedad civil. Estas, centradas tanto en la falta de transparencia de las negociaciones, como en la posibilidad de que el acuerdo aumente el poder de las empresas multinacionales, reste soberanía a los países europeos y produzca una bajada de estándares de protección al consumidor, deben ser matizadas. Según su punto de vista, el necesario secretismo de cualquier negociación obliga a no hacer públicos todos los documentos, pero la Comisión no tendría problema en publicar su mandato negociador si el Consejo quisiera hacerlo (por el momento, algunos estados miembros se han negado) y está haciendo un esfuerzo por dar a conocer la posición negociadora europea en cada uno de los temas clave. Por otra parte, el acuerdo no pretende desregular sino mejorar y compatibilizar la regulación a ambos lados del Atlántico, y hay sectores, como los servicios públicos en Europa, que no están en la mesa de negociaciones. Por último,  no tendría sentido hablar de reducción de estándares y protección al consumidor habida cuenta de que, en muchos sectores, la protección al consumidor estadounidense es mayor que la europea.

Al hablar de la ambición del acuerdo, insistió en los muchos puntos en común que unen a Estados Unidos y a la Unión Europea, sobre todo en comparación con otros países. Es por ello que subrayó qu,  si se deja de lado el “narcisismo de las pequeñas diferencias”, será posible alcanzar un acuerdo ambicioso que aumente el crecimiento potencial en ambos bloques, al tiempo que revitalice la relación transatlántica y sirva para contrarrestar el auge de las potencias emergentes en la economía global.

Esto no será sencillo. Por el momento, Estados Unidos ha dejado fuera de las negociaciones los servicios financieros y ha planteado importantes obstáculos para liberalizar las compras públicas y el transporte aéreo y marítimo,  mientras que la Unión Europea se está mostrando muy reticente a liberalizar el sector agroalimentario, además de haber dejado ya fuera de las negociaciones los servicios audiovisuales.

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