Richard N. Haas, cronista del nuevo desorden global

Richard N. Haas, cronista del nuevo desorden global. Globos terráqueos en una tienda de National Geographic. Foto: ricardo (CC BY 2.0). Blog Elcano

Richard N. Haas, cronista del nuevo desorden global. Globos terráqueos en una tienda de National Geographic. Foto: ricardo (CC BY 2.0)

Richard N. Haas, presidente del influyente Council on Foreign Relations, ha publicado recientemente The World: A Brief Introduction, un libro con pretensiones claramente didácticas. Un libro necesario en el actual momento político estadounidense, escrito por un republicano anti-Trumpiano, y que fue en su día asesor del exsecretario de Estado, Colin Powell. Podría decirse que la obra es una respuesta a una actitud que se da en EEUU, y que probablemente influya en las decisiones de voto: el nulo o escaso interés por los asuntos del mundo.

Desgraciadamente esto no es específico de la sociedad estadounidense. Es también una característica de la sociedad española. Por un momento, habíamos creído que nuestro ingreso en la UE iba a corregir esa tendencia, pero hay que reconocer que no ha sido así. En España ha ido creciendo el euroescepticismo, a izquierda y derecha, en los últimos años, como consecuencia de la crisis financiera de 2008 y de la crisis ligada al COVID-19. Una de las explicaciones, aunque no la única, es ese desinterés por el exterior, no incompatible con el aumento de los viajes al extranjero o los intercambios universitarios. La explicación de Haas, en el caso de sus compatriotas estadounidenses, es achacar las causas al sistema educativo. En el caso español, podría decirse otro tanto. Las leyes educativas han presumido de formar ciudadanos, pero da la impresión de que en la práctica el ciudadano resultante es el que integra una sociedad compuesta por un agregado de individuos con tendencia a ser autónomos, muy conscientes de sus derechos, aunque algo menos interesados por las relaciones de cooperación internacional y menos aún por la historia sobre la que se ha construido el escenario del mundo. A título de anécdota personal, me ha llamado la atención de que los alumnos de un grado de Políticas no eligieran matricularse en una asignatura dedicada a la política exterior de España. Si su ventana al mundo son casi exclusivamente los medios de comunicación y las redes sociales, no es extraño que el mundo exterior haya desaparecido de su horizonte.

Richard N. Haas señala en su libro que le llamó la atención el brillante currículo de un graduado en Informática por la universidad de Standford. Su preparación le haría merecedor de un puesto de prestigio social y nutridos ingresos. Sin embargo, le sorprendió la escasez de sus conocimientos en historia y en economía. No es que las universidades estadounidenses no incluyan en sus programas la política exterior y la historia. Esa oferta existe, si bien muchos alumnos prescinden de esa opción, aunque sea un interesante complemento para sus estudios. Respecto a la situación en la enseñanza secundaria, es sabido, porque también la tendencia ha llegado a España, la prioridad es para las materias que constituyen las siglas STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Las humanidades primero, y las ciencias sociales después, son progresivamente relegadas por una sociedad que solo parece valorar los conocimientos técnicos. Haas insiste en que está bien estudiar idiomas extranjeros, pero no sirve de mucho si esas lenguas no suscitan un mayor interés por los asuntos internacionales.

Este estado de cosas ha llevado a Haas a escribir un libro que quiere salir al paso de una tendencia que ha sido constante durante generaciones en bastantes países. Es la tendencia a considerar que la formación termina aproximadamente a los 25 años, año más o año menos, y muere poco a poco a lo largo de los siguientes 50 años. Pese a que muchos podrían alegar que hoy la formación es continua, tanto en el sector público como en el sector privado, se podría replicar que, en no pocos casos, esa formación se inscribe en una dimensión burocrática, ligada a la promoción laboral. Estar mejor titulado no equivale a estar mejor preparado.

El autor de The World insiste en que a los estadounidenses les falta una global literacy. Sin ella, el lector se mueve con dificultad entre los titulares de los medios de comunicación y es incapaz de filtrar las noticias. Además, el conocimiento del mundo exterior puede ser valioso para la toma de decisiones. Ciertamente, el enfoque del autor está lleno del pragmatismo: conocer el mundo exterior es una valiosa ayuda para entender el momento presente, y para los estadounidenses es vital por motivos económicos y políticos, pues en los últimos setenta y cinco años su país ha sido la gran superpotencia mundial. No lo comenta en el libro, pero Haas está convencido de que ese liderazgo se deteriorará todavía más si Trump sigue en la Casa Blanca. Para Haas, este presidente ha destrozado la política exterior estadounidense y ha contribuido al nuevo desorden mundial, a la distopía que, en su opinión, caracteriza al escenario internacional.

The World es una invitación a lectores de todas las edades a introducirse en el conocimiento del mundo exterior. Su estilo es claro, tanto como el propósito de su autor de que este no sea el único libro leído por los que se acercan por primera vez a los asuntos exteriores. La primera parte contiene una concisa historia de las relaciones internacionales desde el sistema de Westfalia (1648) hasta el momento presente. El sistema westfaliano aportó un cierto nivel de paz y estabilidad, pero no evitó la posibilidad de hacer las guerras con una mayor capacidad de destrucción. La estabilidad sufrió un primer embate con la llegada de Napoleón, y la fragilidad del sistema se acentuó en el siglo XIX, pese al concierto europeo de las naciones, para culminar en la Primera Guerra mundial. Por lo demás, el período de entreguerras fue el preludio a un conflicto mucho peor que el anterior. El economista Keynes fue uno de los pocos que previó lo que podía suceder, más el mundo siguió girando entre el aislacionismo de los estadounidenses y el unilateralismo de los europeos. La Sociedad de Naciones fue condenada a la inoperancia. En contraste, Haas considera un gran momento histórico el período de la Guerra Fría, pese a los riesgos de conflicto nuclear. Fue una época para la cooperación con el nacimiento de grandes organizaciones internacionales, y EEUU, a partir del Plan Marshall, asumió un mayor protagonismo en los asuntos mundiales. En contraste, los últimos treinta años, el período de la Posguerra Fría, son una época extraña. Por un lado, caen los regímenes comunistas, y por otro se multiplican los conflictos regionales; y en el siglo XXI tanto Rusia como China desafían el orden liberal internacional constituido en décadas anteriores. La ilusión de un liderazgo global estadounidense se desvanece, pues el desorden reina en el escenario mundial. No cabe duda de que Haas echa un tanto de menos, como se deduce de otros escritos suyos, el mundo que contribuyeron a forjar Harry S. Truman y su secretario de Estado, Dean Acheson.

La segunda parte del libro es un sintético panorama de las regiones mundiales, conforme a la siguiente clasificación: Europa, Asia Oriental y el Pacífico, el sur de Asia, Oriente Medio, África y las Américas. El rasgo común es la inestabilidad, en mayor o menor medida según los territorios, y la incertidumbre, de la que no se libra ni una Europa enferma de éxito por el proceso de integración europea. En Asia, el milagro económico no se traduce en una mayor estabilidad debido a los retos geopolíticos, en los que China ve una oportunidad para borrar un siglo de historia marcado por las humillaciones. Respecto a Oriente Medio, todo apunta a que seguirá siendo la región más inestable del mundo. En África persisten las debilidades políticas y económicas de muchos de sus países, y en las Américas tampoco abunda la estabilidad, pero sí el riesgo de estados fallidos e inoperantes.

La tercera parte está dedicada a la era global, en la que es más necesario que nunca el multilateralismo si bien algunas potencias, en su vértigo nacionalista, fomentan el bilateralismo. Según Haas, el multilateralismo es la mejor manera de luchar contra los retos globales de la proliferación nuclear, el cambio climático, las migraciones, la sanidad, el proteccionismo, las políticas monetarias o la política de desarrollo. Se cierra el libro con su parte más interesante, sobre el orden y el desorden. La tesis de Haas es que vivimos en un mundo imperfecto, en el que nunca hay una paz total, ni tampoco completa justicia e igualdad. Pese a que se diga lo contrario, en ocasiones parece que vivimos en un sistema internacional, y no en una sociedad internacional. Sin embargo, el viejo sistema de la balanza de poder demostró su inoperancia en el siglo XX. Surgió así el multilateralismo y la necesidad de la cooperación internacional. Pero, como bien dice el autor, el orden no el estado natural de los asuntos internacionales y no aparece de manera automática. La mayor contribución al orden no puede ser otra que el compromiso y la cooperación.

El libro debe bastante a La sociedad anárquica de Hedley Bull, una reacción contra el cientifismo aséptico que ha dominado a la disciplina de las Relaciones Internacionales, y que fue una obra muy criticada en su momento porque se negaba a explicar el mundo desde una mera visión economicista.

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