Relaciones militares EEUU-Rusia en entredicho

En el enrarecido ambiente en el que se desarrolla la crisis ucraniana tanto Washington como Moscú han ido aumentando la tensión, aunque sin ánimo alguno de llegar a mayores, amenazando con tomar medidas directamente ligadas a su agenda bilateral de defensa. Así, Estados Unidos se adelantó, anunciando que paralizaba todas las relaciones militares con la Federación Rusa, para encontrarse ahora con una airada amenaza de Moscú, que muestra su intención de suspender las inspecciones de equipos estadounidenses a sus arsenales nucleares estratégicos.

En el primer caso, y una vez descontado el efecto mediático que buscan este tipo de declaraciones públicas, es elemental entender que a Washington no le interesa romper los canales de diálogo y colaboración militar con Moscú. Por muy clara que sea su superioridad en el balance militar global- tanto convencional como nuclear-, la diplomacia de la defensa se ha convertido ya desde hace tiempo en un elemento más de la disuasión estratégica y de la gestión de los riesgos y amenazas que puedan afectar a los intereses vitales de la superpotencia.

Por citar un solo caso práctico en el que la complicidad rusa resulta beneficiosa para EEUU, basta con recordar que buena parte del apoyo logístico que sostiene la campaña en Afganistán se realiza a través de territorio ruso. Si esta vía se cerrara, Washington se quedaría nuevamente supeditado a Pakistán como única manera de mantener el esfuerzo de un contingente que casi alcanza los 40.000 efectivos. Dado que Islamabad no resulta un socio plenamente fiable, que la diversificación de vías logísticas es un imperativo del cálculo estratégico y que todavía queda por delante la siempre delicada operación de retirada (más la probable permanencia de unos 10.000 efectivos para 2015), arriesgarse al cierre de la vía rusa no parece algo realmente deseable para el Pentágono.

En cuanto al “globo sonda” ruso- que añade la posibilidad de retirarse del Nuevo START (Tratado de reducción de Armas Estratégicas) y hasta del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF)– conviene no olvidar, en primer lugar, que esa decisión supondría una abierta transgresión de acuerdos internacionales que obligan a abrir la puerta a los inspectores internacionales. Rusia ya ha planteado amenazas similares en ocasiones anteriores; pero sin llegar nunca a materializarlas. Así lo hizo en 2007 el ministro de exteriores, Sergei Lavrov, en relación con el Tratado INF, que prohíbe los misiles (tanto con cabeza convencional como nuclear) de alcance entre los 500 y los 5.500km. Buscaba comprometer a EEUU en la negociación del Nuevo START (firmado finalmente en abril de 2010) y llamar la atención sobre la desventaja que suponía el hecho de que China y otros poseedores de ese tipo misiles no estuviesen sujetos a un compromiso similar.

Lo mismo anunció el entonces presidente, Dmitri Medvedev, en noviembre de 2011 en relación con el Nuevo START, como señal visible de su rechazo a la ampliación al territorio europeo del escudo antimisiles estadounidense. Sin embargo, también en esta ocasión se prefirió apostar por el mantenimiento de un acuerdo que le seguía otorgando tratamiento de gran potencia, mientras su seguridad estratégica quedaba a salvo con las 1.550 cabezas que se fijaban como techo (y 800 vectores de lanzamiento).

Lo que queda en evidencia es que más allá de estos gestos para la galería, a Moscú no le interesa desmarcarse de unos compromisos que, de incumplirse, podrían propiciar una nueva carrera armamentística para la que no está económicamente preparado. Actualmente asistimos a un importante esfuerzo impulsado por Vladimir Putin de modernización de las fuerzas nucleares estratégicas y de profunda reforma de las fuerzas convencionales. Rusia no puede, por tanto, abrir una puerta que inmediatamente se volvería en su contra al obligarla a diversificar recursos para atender una nueva necesidad, con el corolario de que eso solo haría aumentar su sensación de asedio desde el exterior (no solo desde EEUU sino también desde China).

En consecuencia, cabe imaginar que ambos actores están interesados en mantener el diálogo- como lo muestra la reciente reunión entre Lavrov y Kerry celebrada en Londres- y la cooperación en materia militar. En todo caso, volviendo a Ucrania, Rusia juega con una ventaja: Kiev no es un interés vital para Washington, y por lo tanto cabe imaginar que no estará dispuesto a llegar hasta el final en el intento ruso por mantener bajo control a un territorio que sí es vital para su propia seguridad.

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