Premio Nobel de la Paz 2013. And the winner is… the OPCWhat?

Resulta difícil conocer los criterios con los que el Comité noruego otorga los premios Nobel de la Paz. Si se analiza los premios de los últimos años, se pueden intuir algunos criterios que explican –a posteriori- la elección, aunque siempre existe un ancho margen para la sorpresa o la decepción. Existen multitud de individuos e instituciones que trabajan para la paz, por lo tanto, no es una decisión fácil y siempre se pueden defraudar las expectativas de quienes reúnen méritos suficientes. El jurado tiene que elegir entre la oportunidad o el mérito. Dar el premio a alguien que adquiere mucha notoriedad o quien persevera en la lucha por la paz. En 2007 compartieron el premio el Intergovernmental Panel on Climatic Change (IPCC) y Al Gore. El primero ha aprovechado el premio para continuar luchando contra el cambio climático, y el segundo ha vuelto a sus negocios privados tras hacer caja y celebridad con la concesión. A veces se premia a una institución, cuando ocupa su dirección una persona que adquiere notoriedad. En 2001 se otorgó el premio a las Naciones Unidas y a Kofi Annan; y en 2005 a la Agencia Internacional de la Energía Atómica y a Mohamed Albaradei. A este por su tenaz resistencia frente a los intentos de manipulación de la Agencia por parte de quienes buscaban intervenir en Irak. Una resistencia que no ofreció Martti Ahtisaari y que recibió el mismo premio en 2008 por forzar el derecho internacional para resolver la cuestión kosovar como le pedían las mismas potencias.

También tiene que elegir entre reconocer los méritos de los premiados o que se reconozca el prestigio de la marca Nobel. Si enumeramos a premiados como Shirin Ebadi en 2003, Wangari Maathai en 2004, Mohamed Yunus en 2006 o Ellen Johnson, Alyma Gobee y Tawakol Karman en 2011, pocos recordarán qué méritos acumularon. Sin embargo, sí que se acordarán de ellos los niños, mujeres, pobres y desheredados de los derechos humanos que defendieron en África, Bangladesh, Liberia o Yemen, sin olvidar el apoyo moral al activista de los derechos humanos en China, Liu Xiaobo en 2010. Quizá Malala Yousafzai caerá también pronto en el olvido, pero haber premiado en 2013 a quien defiende la educación de los niños en Pakistán, siendo niña y frente a los talibanes oscurantistas y violentos, hubiera tenido más repercusión práctica que premiar a organizaciones internacionales poco conocidas.

httpv://youtu.be/3rNhZu3ttIU
(video via unitednations)

A veces no se premian méritos concretos sino expectativas. En 2009 se concedió el premio a Barack Obama, por las expectativas de paz que movilizó la “obamania” nada más llegar a la Casa Blanca. Paradójicamente, el presidente y premio Nobel ha estado a punto de chafar el premio de este año si hubiera llevado a cabo en Siria el ataque con que había amenazado por emplear las armas químicas. Pero no lo hizo y, ¡sorpresa!, se ha hecho con el premio la organización dedicada a destruir los arsenales químicos sirios. La oportunidad y las expectativas parecen ser los únicos méritos de una organización como la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW, en sus siglas en inglés) que lleva una vida discreta y técnica supervisando a estados como Estados Unidos, Rusia, India, Libia (la de Gadafi y la de ahora), Albania, India y, ahora Siria, que son quienes han declarado poseer armas químicas y quienes las destruyen bajo su supervisión. Son también los estados (Rusia Estados Unidos y Siria) los que han hecho posible el despliegue de los equipos de la OPAQ y de Naciones Unidas (estos comparten riesgos y trabajo pero no premios) pero se ha dado el premio a una de tantas organizaciones dedicadas al desarme y al control de armamentos, aunque hay muchas y con más méritos que esperan su reconocimiento a favor de la paz.

Cabe preguntar: ¿tendrá la OPAQ que devolver el premio si se fastidia la ejecución del programa en Siria?

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