El Espectador Global, por Andrés Ortega

Preguntamos: ¿Se acabó la solución en dos Estados?

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Israel - Palestina / Israel - Palestine. Blog Elcano

(CER)

Tras el acuerdo entre Fatah y Hamás y el fracaso de las últimas negociaciones impulsadas por John Kerry y la administración Obama, ¿qué solución queda para una posible paz estable y duradera entre israelíes y palestinos?

Hrach Gregorian | Presidente del Instituto de Asuntos Mundiales, Washington, DC, EEUU

Los esfuerzos a lo largo de nueve meses del secretario de Estado de EEUU, John Kerry, para lograr un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos han terminado en fracaso. Cabe preguntarse si no sospechó Kerry desde el principio que ese sería el fruto probable de sus intentos. Sin embargo, cada administración demócrata en Washington desde Jimmy Carter ha sucumbido a los cantos de sirena de una paz negociada entre dos antagonistas desesperadamente íntimos.

Kerry se enfrentó a un paisaje que se vuelve más complicado cada día que pasa. La profundidad del cambio en Cisjordania, el muro, Jerusalén, los asentamientos, las autopistas de miles de millones de dólares que no tienen rampas de entrada o de salida para los palestinos, los derechos sobre el agua y las autorizaciones económicas, son algunos de los muchos hilos que se deshicieron. Luego está la asimetría de poder. Y la política. Del lado palestino, un líder muy débil que no puede reunir a su pueblo en torno a un acuerdo, y en el lado israelí, el líder de una coalición con miembros que no tienen interés alguno en un pacto que requiere concesiones.

La fusión anunciada de Hamas y Fatah ha hecho el asunto casi imposible. Los israelíes no tratarán con Hamas, y la ley de EEUU –véase la Ley palestina anti-terrorista, de 2006–, así como voces poderosas en el Congreso norteamericano, ensombrecen toda perspectiva a corto plazo. Por su parte, Hamas no puede tomar ninguna medida que pudiera ser vista como una capitulación frente a Israel o frente a EEUU. Esto incluye la adhesión a las condiciones esenciales del Cuarteto, desde el reconocimiento de Israel a la renuncia a la violencia, especialmente a la luz de la continua construcción de asentamientos israelíes.

Las negociaciones oficiales están descartadas por el momento. Un cambio político en ambas sociedades parece un requisito previo para poder salir del callejón sin salida. Aún así, las dos partes no tienen nadie a quien recurrir, sino a la otra. Ambos se enfrentan a amenazas existenciales que la perpetuación del statu quo sólo empeorará. Un acuerdo sobre dos Estados sigue ofreciendo el camino menos malo a seguir.

Shereen Dagani | Periodista palestina en el servicio en árabe de Radio Exterior de España

La solución de los dos Estados para el actual conflicto Israel-Palestina está en riesgo. Dos acontecimientos relevantes que han ocurrido recientemente de forma paralela, como no podría ser de otra manera, vienen a poner de manifiesto que, en realidad, Israel nunca buscó esa solución.

El primero es la reconciliación entre Al Fatah, que capitanea Mahmoud Abbas, y el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamás, rubricada tras un largo camino de encuentros y desencuentros. Esta división era la excusa perfecta para los israelíes para desentenderse de los palestinos alegando que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) carecía de legitimidad representativa y no hablaba en nombre de todos los palestinos. Pero ahora vemos que la reconciliación entre las facciones palestinas ha irritado sobremanera a las autoridades israelíes que alegan que esta reconciliación es el indicio del alejamiento de Abbas de la paz, acercándose al terrorismo que representa Hamás.

El segundo, vinculado con lo anterior, es el anuncio por parte del gobierno israelí de Benjamín Netanyahu de dar carpetazo a las negociaciones que venían manteniendo con la ANP encabezada por el presidente Abbas. Era un proceso banal cuyo objetivo, para Israel, es la legitimación de su política de hechos consumados de anexión de territorios ocupados en Cisjordania y Jerusalén mediante la ampliación de las colonias y expropiación de tierras a fin de judaizar el Estado en detrimento de los derechos legítimos del pueblo palestino de alcanzar la libertad, la autodeterminación y la construcción de su propio Estado soberano conforme al derecho internacional y las resoluciones de las Naciones Unidas. El Estado de Israel eludía intencionadamente los temas capitales origen del conflicto, haciendo caso omiso, además a los consejos de sus propios aliados.

Israel nunca suscribió verdaderamente una solución de dos Estados y sólo utilizó su imagen y marco con el fin de consolidar garantías para la anexión de territorio palestino. En consecuencia, durante los últimos 21 años el proyecto de los dos Estados sólo ha favorecido un propósito oculto: que la comunidad internacional apoyara, aunque fuera a regañadientes, la estrategia israelí de establecer unos guetos para los palestinos.

La pregunta entraña, a mi juicio, un equívoco desde el momento que establece relación causa-efecto, como si la suerte de la solución de los dos Estados estuviera vinculada a las negociaciones bilaterales, así como a la coyuntura interna palestina. Independientemente de que cualquier solución debe basarse en negociaciones, sin embargo, la viabilidad de dos Estados queda lejos de serlo de facto porque Israel a través de su política de hechos consumados hace imposible que el Estado palestino pueda concretarse como territorio físico y por tanto como territorio soberano.

La alteración geográfica y demográfica causada por la intensificación de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén por parte del gobierno israelí está causando una grave dificultad para posibilitar la creación de dos Estados.

La solución podría empezar a ser la de un Estado para palestinos e israelíes sobre la base de la común ciudadanía, buscando soluciones a los puntos de fricción, como las fronteras y Jerusalén, el agua y los refugiados.

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