Holanda: elecciones y “efecto Wilders”

Barry Madlener y Geert Wilders en un cartel de las Elecciones al Parlamento Europeo (2009). Foto: screenpunk / Flickr (CC BY-NC 2.0). Blog Elcano

Barry Madlener y Geert Wilders en un cartel de las Elecciones al Parlamento Europeo (2009). Foto: screenpunk / Flickr (CC BY-NC 2.0).

Dentro de unos días se celebran elecciones en Holanda, las primeras de varias elecciones (después vendrán Francia y Alemania) que pueden ser trascendentales para la Unión Europea. En el debate electoral holandés están presentes cuestiones que dominan el debate político en Europa, en especial el rechazo de la inmigración y el antieuropeísmo. Se piensa que una victoria del Partido para la Libertad, cuyo dirigente es Geert Wilders –en el que muchos perciben un cierto paralelismo con Donald Trump– podría dar un impulso a los partidos de extrema derecha de Francia y Alemania.

La atención mediática en estas elecciones está centrada en Wilders, un conocido político populista con un mensaje radical contra la inmigración, el Islam, la Unión Europea. En su programa (que se puede consultar aquí en inglés), propone entre otras cosas prohibir el Corán, cerrar las mezquitas y las escuelas islámicas, que Holanda abandone la UE y sea “independiente otra vez”.

En las últimas semanas, una mayoría de sondeos han situado a Wilders como ganador de las elecciones.

La situación de Holanda tiene puntos comunes con la de otros países europeos. Los partidos tradicionales se encuentran en declive. Los tres partidos principales: liberales, socialdemócratas y cristiano-demócratas, pasarían según los sondeos de un 80% de los votos en los años 80 a un 40% este año. Especialmente fuerte es el retroceso que se anticipa a los socialdemócratas. En paralelo se prevé un fuerte ascenso de partidos de “intereses especiales”, como el Partido para los Animales o el partido 50Plus (que defiende los intereses de pensionistas y jubilados).

La inmigración y la Unión Europea son dos de los grandes temas de debate electoral. El ascenso de Wilders se apoya en la percepción por una creciente parte de la población de que la identidad holandesa está amenazada, que muchos inmigrantes –sobre todo los musulmanes– no se integran en el país y no respetan sus normas, los “valores holandeses”, mientras que la atención a los refugiados supone un creciente coste para las arcas públicas, lo que está contribuyendo al deterioro de los sistemas de bienestar.

En cuanto a la Unión Europea, muchos holandeses están disconformes con la política de bajos tipos de interés del Banco Central Europeo, que ha perjudicado a los ahorradores. La política del BCE está diseñada para favorecer a los países periféricos, menos disciplinados en el gasto. Esto se añade al hecho de que Holanda es el mayor contribuyente per capita al presupuesto de la UE.

Sistema electoral y gobiernos de coalición

Sin embargo, las anteriores consideraciones deben ser objeto de algunas matizaciones. Los medios de comunicación resaltan que, según los sondeos, Wilders va a ser el “ganador” de las elecciones. Efectivamente, una mayoría de sondeos ha otorgado recientemente la victoria a Wilders, pero con sólo un 15-20% de los votos. Wilders se encontraría así muy lejos de tener una mayoría para gobernar. El resto de los principales partidos ha declarado que no están dispuestos a aliarse con él. (Aparte de eso, a la hora de la verdad, Wilders suele recibir en las urnas menos votos de lo que anticipan los sondeos).

Hay que tener en cuenta a este respecto el sistema político holandés. Con una sola circunscripción nacional, el sistema parlamentario holandés se caracteriza por un alto grado de proporcionalidad (en las elecciones de 2012, el Partido para los Animales, por ejemplo, obtuvo representación en el parlamento, dos escaños, con un 1,9% de los votos). De ahí que desde hace décadas los gobiernos holandeses sean gobiernos de coalición, forzados por la matemática electoral pero basados también en un espíritu, muy “holandés”, de consenso y moderación.

Para después de las próximas elecciones se auguran unas complicadas negociaciones para formar gobierno, que probablemente requeriría de cuatro o cinco partidos para lograr una mayoría.

¿Es viable el Nexit?

Por otra parte, el apoyo a una salida de la Unión Europea es muy limitado entre la población holandesa. Los partidos tradicionales critican los defectos de la UE, el “alejamiento” del “pueblo” por parte de la burocracia de Bruselas, la falta de democracia de las instituciones comunitarias. No están a favor de avanzar en la integración europea, pero no apoyan un Nexit, la retirada de la UE.

Existe un motivo económico claro por el cual difícilmente Holanda abandonaría la UE. El país es un gran centro comercial y financiero con proyección hacia Europa central y del norte. El pueblo holandés tiene una tradición comerciante y de negocios desde hace siglos. Dejar la UE acarrearía un enorme daño económico. Holanda depende de manera decisiva del comercio exterior –a pesar de su tamaño, es el 5º mayor exportador del mundo. Rotterdam es uno de los grandes puntos de entrada de mercancías en Europa.

Gracias a su favorable sistema de fiscalidad para las inversiones extranjeras, Holanda es sede de miles de empresas, de otros países europeos y de fuera de Europa, que actúan desde Holanda en toda la UE. Una Holanda que no estuviera en la UE perdería buena parte de su atractivo para estas empresas.

El “efecto Wilders”

Ahora bien, aunque no pueda formar gobierno, y aunque ni siquiera quede el primero en las elecciones, Wilders ya ha dejado sentir su influencia en la política holandesa.

Lo que se ha denominado el “efecto Wilders” significa que el político populista ha logrado desplazar a los partidos tradicionales hacia sus posturas.

En los últimos tiempos la política de inmigración se ha vuelto más restrictiva. A principios de año, el primer ministro liberal Mark Rutte publicó una carta abierta en la prensa criticando a los que no se integran y no aceptan los valores holandeses. Estas personas deberían marcharse, señalaba Rutte. La carta fue interpretada como un gesto para atraer votantes de Wilders.

En lo que se refiere al otro gran tema, el europeo, se ha impuesto la idea de frenar el proceso de integración, así como reducir el poder de las instituciones comunitarias.

En resumen, aunque no llegue a ganar las elecciones ni formar gobierno, Wilders ha logrado que su agenda antieuropeísta y antiinmigración sea asumida, al menos parcialmente, por varios de los principales partidos políticos.

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