Georgia: una transición hacia Europa

Alex Petriashvili, Georgia Secretary of State for European Integration and Euro-Atlantic. Elcano 2013Esta semana, en el Real Instituto Elcano recibimos la visita de Alex Petriashvili, secretario de estado de Georgia para la integración europea y euroatlántica. Transcurridos siete meses desde que tuviera lugar el relevo electoral en el país caucásico, el encuentro se presentó como una buena ocasión para hacer balance de los pasos emprendidos por la nueva coalición de Gobierno, liderada por el partido Georgian Dream (GD).

Las elecciones de 2012 pusieron fin a lo que se ha dado en llamar la Revolución de las Rosas, que encabezó el Movimiento Nacional-Demócrata (MND) de Mikheil Saakashvili, presidente de la república. El nuevo gabinete de Bidzina Ivanishvili enfrenta ahora los retos de la consolidación democrática, el desarrollo económico y la superación del conflicto con la vecina Rusia, todo ello con la mirada puesta en la Unión Europea y la OTAN.

En efecto, la transición de gobierno operada en los últimos meses ha constituido una prueba de fuego para la democracia georgiana que el país parece estar superando con relativo éxito. El relevo de poder se ha producido sin grandes estridencias ni sobresaltos. El MND aceptó su derrota al día siguiente de las elecciones y en el GD destacan el hecho de que las fuerzas políticas mayoritarias hayan dejado de enfrentarse en las calles y las manifestaciones para sentarse a debatir en el parlamento. Aunque el país aún tiene un largo camino por recorrer en su consolidación democrática y económica, este es ya un triunfo de la sociedad georgiana. La coalición gobernante es consciente del trabajo que todavía está pendiente de realizar, y ha situado a Europa en el centro de su estrategia para alcanzar las aspiraciones de modernización política y económica.

A lo largo del encuentro mantenido con el secretario de estado Petriashvili, quedó de manifiesto la firme voluntad de Georgia de volcar todos sus esfuerzos en la integración europea. Los mandatarios georgianos esperan estar listos para dar el salto a la Unión Europea en un periodo de 7 a 10 años, y para ello cuentan con el apoyo mayoritario de la ciudadanía. Del mismo modo, el respaldo a la inclusión en la OTAN supera el 80% de la opinión pública y nadie se plantea ya en Georgia una vuelta atrás en la política exterior emprendida. Sin embargo, los planes para la integración europea han de pasar inexorablemente por la reforma de las instituciones económicas y políticas. Los socios europeos siguen mirando con desconfianza las deficiencias en el sistema de checks and balances georgiano, las invitaciones de la Iglesia de Georgia a perseguir a los homosexuales, las altas tasas de corrupción (el ex primer ministro Merabishvili  fue detenido hace unos días entre denuncias de caza de brujas por parte de la oposición), así como las debilidades económicas del país, con un déficit que roza el 12% del PIB. No obstante, la mayor parte de los Estados miembros respalda la voluntad de acercamiento de Georgia, y prueba de ello es que la UE ha aprobado recientemente un plan de 20 millones de euros destinados a financiar las reformas que necesita el país caucásico. Asimismo, Georgia forma parte del Eastern Partnership Programme desde el año 2009 y, actualmente, está tramitando los llamados acuerdos DCFTA (Deep Comprehensive Free Trade Area) y AA (Association Agreement), cuya negociación podría concluir antes del verano.

Si la UE ha contestado los anhelos europeos de Georgia tendiéndole la mano, el actual gobierno quiere dejar clara la firme decisión de responder a las exigencias de Europa para avanzar en una estrategia de “más por más”: más reformas por más apoyo. Así, el nuevo gobierno está trabajando con organizaciones no gubernamentales y think tanks en la reforma de las instituciones democráticas y económicas, siguiendo las recomendaciones europeas para áreas como la justicia, el mercado laboral, los medios de comunicación o la agricultura. Sin embargo, aun si Georgia es capaz, finalmente, de acometer la transición democrática plena y sentar las bases de un crecimiento económico sostenible, todavía quedarían por resolver las difíciles relaciones con  Rusia.

Las autoridades del país son conscientes de que el contencioso que mantienen con sus vecinos rusos por el control territorial de Osetia del Sur y Abjasia (y que les llevó a la guerra en 2008) supone un obstáculo a los planes europeos de Georgia. Por ello, las autoridades georgianas se han volcado en la normalización, desde una perspectiva pragmática,  de las relaciones con Moscú, en un intento de convencer a Europa de que un escenario en el que Georgia forme parte de la Unión pueda servir para tender puentes al otro lado de los Urales. Si bien la soberanía y la integridad territorial no son negociables para los georgianos, el nuevo gabinete de Ivanishvili apuesta por la buena convivencia vecinal. En este sentido, comienzan a percibirse señales que apuntan a la superación del conflicto, como muestra la reapertura del mercado ruso a los productos georgianos.

La ambición de los dirigentes del GD es conseguir articular una Georgia económicamente desarrollada y democráticamente consolidada que venza sus diferencias con Moscú y se aproxime a Europa.

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