El Espectador Global, por Andrés Ortega

G20 saudí: proyección global de las reformas internas

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G20 saudí. Panorámica de la zona norte de Riad (Arabia Saudí). Foto: B.alotaby (Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0), Blog Elcano

G20 saudí. Panorámica de la zona norte de Riad (Arabia Saudí). Foto: B.alotaby (Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0)

Arabia Saudí, un país clave en la geopolítica regional y global, ha cambiado y está cambiando muy rápidamente en términos sociales, culturales y económicos, si bien no políticos. Muchas mujeres conducen y no se tapan la cara (si, aún, el cuerpo, aunque se empiezan a ver otras con el cabello al aire), van al futbol, al cine o a espectáculos musicales, inexistentes hasta hace poco. Aunque queda mucho, muchísimo, camino por recorrer, en estos usos, frente a los que hay algunas resistencias conservadoras, el país empieza a equipararse a otras monarquías del Golfo, una región que cae bastante fuera del radar de la diplomacia española más allá de los negocios. ¿Para cuándo un Instituto Cervantes en Riad o Jeda, que, de hecho, se autofinanciaría en este país rico?

La razón principal de estas reformas impulsadas por el príncipe heredero Mohammed bin Salman (o MbS, de 34 años e hijo, en vez de hermano, del actual rey; otro cambio) es la necesidad de encontrar trabajo e ingresos decentes para los jóvenes, para los que no llegan como antes los ingresos de un Estado ahora con déficit y una población mucho mayor. Aunque en este país no hay elecciones, y la reforma política no está sobre la mesa, sí hay opinión pública y MbS busca el apoyo de los jóvenes y especialmente de las mujeres, y evitar una primavera árabe en el país. El 70% de la población saudí tiene menos de 35 años, la mejor formada de la historia, con un 58% de los estudiantes universitarios mujeres. Muchas con las que hemos hablado apoyan el cariz que van tomando las cosas. Cada vez hay más de ellas que se ponen a vivir solas y trabajan. Las mujeres profesionales saudíes son muy apreciadas por las empresas extranjeras porque las ven más motivadas y dinámicas que los hombres.

El país y sus paisanos (más de 33 millones, de los cuales una tercera parte extranjeros) ya no pueden vivir de las rentas, y aunque el subsuelo tiene para más de un siglo de reservas de petróleo, el uso de este va a ir a menos, además de que es una economía ya con déficit, que se ha de diversificar. Para ello se está abriendo al turismo –pero aún nada de alcohol–, a la industria del entretenimiento y de la cultura –sectores que producen empleo– y a las nuevas tecnologías.

En Neom, en el Mar Rojo, quiere impulsarse una especie de Silicon Valley (automatizada). Pese a algunos notables avances, hay, sin embargo, todavía una falta de conciencia en muchas empresas, o entre ingenieros o médicos sobre la revolución digital y la Inteligencia Artificial (IA), señala en una conversación telefónica Fathma Beothman, profesora en Jeda, y la primera mujer en Arabia Saudí doctorada en IA, presidenta de la Sociedad para la IA de su país. Pero el impulso de la IA es parte de la Visión 2030 de MbS, aunque también con un enfoque cultural propio. La IA se está implantando en muchos currículos de estudios. En el Centro de Investigación en Robótica Inteligente de la Universidad Rey Saúd en Riad, otro ejemplo, se está realizando un gran esfuerzo para que robots puedan comunicarse con sordomudos por lenguaje de signos en árabe. Para todo eso hay dinero, pero ya no como antes. Aunque con la salida a bolsa de un trocito (1,5%) de su gran empresa de petróleo, Aramco, el Estado ha obtenido casi 30.000 millones de dólares (27.000 millones de euros).

En este contexto, llega en 2020 la presidencia saudí del G20 con la que el Gobierno quiere proyectar estas reformas al mundo. ¿Prioridades? En una reciente reunión del T20 (la red de think-tanks que produce propuestas y de la que es parte el Real Instituto Elcano) el sherpa saudí para el G20, Fahad Almubarak, dividió las 22 prioridades que se ha fijado su gobierno en tres grandes temas, que mucho tienen que ver con las prioridades en reformas internas (y con las necesidades globales). El primero es el “empoderamiento de la gente” (mujeres y jóvenes, que nadie se quede atrás, y la protección de la sanidad, entre otros); en segundo lugar, la salvaguardia del planeta (energía, esfuerzos contra el cambio climático, agua y sostenibilidad); y, en tercer lugar, conformar una nueva frontera, para abordar los retos a largo plazo de la digitalización, las ciudades inteligentes, etc. Lo que ya se recogía en el folleto de explicación de los planes para este G20.

Naturalmente, el G20 en estos meses no dejará de abordar una serie de cuestiones acuciantes como el comercio y la reforma de la Organización Mundial del Comercio. Un término que estuvo en boca de todos los responsables saudíes en la primera reunión del T20 fue el del multilateralismo. Algo que no gustará demasiado a Donald Trump (cuyo primer viaje al extranjero fue, justamente, a Arabia Saudí) y que llegará a la cumbre del G20, en Riad los días 21 y 22 de noviembre, reforzado o como un pato cojo, dependiendo cómo le hayan ido las elecciones unos días antes. Pero no todo va a ser la cumbre sino una proliferación de reuniones ministeriales, incluida una sobre la lucha contra la corrupción.

La prioridad saudí en este momento son las reformas internas y las inversiones. De ahí que el asesinato por un dron de EEUU del general iraní Qasem Soleimani, pese al odio que se le guardaba, no hubiera sido bien recibido en Riad por temor a una escalada en la región, pese a ser Irán el enemigo mayor (con el temor añadido de que Teherán se dote del arma nuclear). Arabia Saudí está intentando reducir su participación en la ruinosa guerra en Yemen. Los saudíes no disimulan que se sienten amenazados –“amenaza, no riesgo”, señala un investigador saudí–, y no sólo por Irán. También por Turquía, enemigo tradicional, y por el hecho de que en su derredor cuentan con una plétora de Estados fallidos, desde Yemen a Irak y Siria.

De reforma política, nada, salvo la línea de sucesión al trono. Esta es una monarquía absolutista, y varias maneras de actuar están teniendo, además de la valoración de los hechos en sí, un enorme coste reputacional internacional, e incluso interno, sobre el régimen: el asesinato del periodista Jamal Kashoggi en el consulado saudí en Estambul, el encarcelamiento de activistas en defensa de los derechos de las mujeres, y el software espía que supuestamente le metió el propio Mbs a través de Whatsapp al fundador y presidente de Amazon, Jeff Bezos. Con el G20, Arabia Saudí se juega mucho dentro y fuera. Y más allá también. Cuando se ponen en marcha procesos sociales, acaban también siendo políticos.

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