El Espectador Global, por Andrés Ortega

Preguntamos: “Occidente y Rusia: ¿qué salida a la crisis de Ucrania?”

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Andrés Ortega pregunta a Andrew Wilson, Senior Policy Fellow de ECFR,  y Carmen Claudín, Investigadora Senior de CIDOB.

Andrew Wilson | Senior Policy Fellow en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR)

Nadie querría partir de donde estamos ahora, pero como tenemos que hacerlo, una posible solución podría incluir lo siguiente:

  • Precipitarse a un referéndum en Crimea sería un desastre. Rusia ya controla la situación sobre el terreno, con la importante excepción de los tártaros de Crimea.
  • Para Rusia, palos y zanahorias. Está claro que Putin no ha pensado las consecuencias de sus acciones. Estas incluyen un rechazo económico, el repentino desincentivo para que Estados como Kazajistán se sumen al proyecto de Unión Euroasiática, la ruptura con socios tradicionales como Turquía y el daño potencial a sus relaciones con el mundo islámico si se agrava la posición de los tártaros de Crimea. Occidente tiene que hacerle sentir estos costes de forma más aguda. Primero, por medio de un aislamiento diplomático más radical. El G-7 se puede reunir sin Rusia. El acoger el Mundial de Fútbol en 2018 debe quedar en seria duda después de haber invadido otro Estado sólo días después de haber auspiciado las Olimpiadas de Invierno. Segundo, las sanciones contra individuos son una cosa; una amenaza a los intereses económicos rusos, otra. Nordstream no debería disfrutar de las exenciones del Tercer Paquete de Energía de la UE; el derecho comunitario debe cobrar precedencia sobre los acuerdos de Rusia con los Estados balcánicos sobre Southstream, o la EU debería frenar el proyecto.
  • A la vez, un paquete de ayuda económica a Ucrania debería implicar a Rusia y a Occidente. Ucrania comercia con ambos. Occidente debería indicar que está dispuesto a hablar de una zona de libre comercio de “Lisboa a Vladivostok” para superar el supuesto actual de competencia de suma cero entre la Unión Euroasiática y la UE.
  • Podría ser necesario tener que formar un gobierno de coalición nacional en Ucrania. El actual gobierno tiene una base demasiado estrecha. La decisión de revertir la Ley de la Lengua de 2012 ha sido un grave error en el tiempo y en la señal que transmite. Por otra parte, sería un error volver a traer a miembros odiados del antiguo régimen. Rusia debería aceptar que esto requerirá nuevas elecciones.

Carmen Claudín | Investigadora senior, CIDOB

De entrada, no hay ninguna salida que le guste a Occidente. Nada permite pensar que Rusia no se quedará con Crimea o la convertirá en un Estado de facto más, un conflicto congelado, a la imagen de Abjazia o Osetia de Sur.

Ni EEUU ni, menos aún, la UE o alguno de sus Estados miembros están dispuestos a usar la fuerza para apoyar a Ucrania. Tampoco es probable que Ucrania se puede permitir siquiera un amago de respuesta militar. Putin lo sabe y toda su acción se base en esta apuesta.

Putin parece convencido que Occidente tiene más que perder que Rusia porque, dice, las sanciones se volverán contra éste y –esto no lo dice pero evidentemente lo cree– el aislamiento no funcionará.

Sin embargo, a pesar de la seguridad en sí mismo que Putin exhibe, en algún despacho del Kremlin deben de dar vueltas a al menos un par de perspectivas preocupantes:

  • Las sanciones y el aislamiento internacionales nunca son bienvenidos pero no podrían llegar en peor momento para una Rusia, con una economía estancada, que no se puede permitir dañar sus relaciones comerciales con sus principales socios y que ha desplegado con Sochi una operación de charme ruinosa precisamente para mejorar su imagen en el mundo.
  • Sin Ucrania, la soñada Unión Eurasiática nunca llegará a tener la pujanza necesaria, sin mencionar que para Rusia sus aliados centroasiáticos son socios menores. Y el día que Bielorrusia siga el camino de Ucrania –un día que probablemente no tardará mucho en llegar–, a Rusia le quedará en territorio europeo tal vez la pequeña Armenia, y no por mucho tiempo.

Sea cual sea su futuro legal, Crimea puede muy bien convertirse en la tumba de esa Unión Eurasiática, un proyecto personal de restauración de la gran Rusia que Putin quisiera legar a la historia.

Mientras no cambie la naturaleza del poder en el Kremlin, lo que entendemos por Occidente tiene pendiente una seria revisión de su estrategia hacia Rusia.

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