¿En quién delegan su ayuda las instituciones europeas?

¿En quién delegan su ayuda las instituciones europeas? Sede de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) en Madrid, España. Foto: Panarria (Wikimedia Commons /CC BY-SA 3.0). Blog Elcano

Sede de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) en Madrid, España. Foto: Panarria (Wikimedia Commons /CC BY-SA 3.0).

España en Bruselas y Bruselas en España

Como señalábamos en una publicación reciente, la cooperación al desarrollo de España ha ido elevando su perfil europeo, al aumentar la ayuda canalizada vía instituciones europeas hasta, aproximadamente, la mitad de los presupuestos españoles de ayuda oficial al desarrollo (AOD).

Este perfil europeo, además, se vería reforzado por el hecho de que la cooperación española (vía la AECID y la FIIAPP) ha ido canalizando, en esta década, un número creciente de fondos y proyectos por delegación de otros socios europeos y, muy particularmente, las mismas instituciones europeas.

Este post busca profundizar algo más en la posición relativa de España como socio de desarrollo para las instituciones europeas y en la evolución de este mecanismo de coordinación y descentralización de la ayuda europea.

España, un socio europeo importante (aunque, comparativamente, quizás cada vez menos)

La cooperación delegada se ha ido convirtiendo en los últimos años en un mecanismo cada vez más relevante, dentro de las distintas opciones “blandas” o flexibles de comunitarización de la ayuda europea. Por ejemplo, la programación conjunta, por la cual el conjunto de los Estados miembros (EM) elaboran y siguen una estrategia única de la UE en un determinado país socio, es ya una realidad en una sesentena de países.

En esta misma línea, la cooperación delegada –mecanismo por el cual las instituciones de la UE (o un EM) trasladan a otro de los EM sus fondos de ayuda para que este último los ejecute– descentralizan en los EM la ayuda europea previamente centralizada.

Si bien las cifras exactas de la cooperación delegada realizada desde las instituciones de la UE son de difícil acceso, tenemos algunos datos que, combinados con las estadísticas de ayuda de la OCDE nos permiten observar algunas tendencias interesantes sobre este proceso político de la ayuda.

La primera observación que podríamos hacer es la intensificación de este tipo de colaboraciones en un corto espacio de tiempo. Como ya indicamos en la publicación señalada más arriba, según datos de la OCDE, las instituciones europeas habrían delegado un total de 3.573 millones de dólares corrientes entre 2012 y 2017. En 2017, la cooperación delegada sumaría 1.022 millones de dólares corrientes, o el 6% de la AOD de las instituciones europeas.

Estos volúmenes se repartieron, según datos de la Comisión Europea (compartidos con nosotros por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Eslovenia) en 89 proyectos en 2013 y 215 (más del doble) sólo cuatro años más tarde (cuadro 1).

En 2013, fueron 11 los EM en los que se delegaron estos fondos de ayuda. Alemania y Francia recogieron 50 de las 89 operaciones. Aunque a mucha distancia de este eje franco-alemán, España se situaba en 2013 en tercer lugar, con 7 operaciones. Tras España, se conformaba un “pelotón” de EM con 4 operaciones cada uno (Reino Unido, Bélgica, Italia y Austria).

Cuatro años más tarde, en 2017, el panorama había cambiado sensiblemente. Si bien Francia y Alemania absorben 166 de las 215 operaciones (conservándose el eje-franco alemán), esta vez Francia supera a Alemania. Y aunque España conserva la tercera posición, que sigue a una distancia más que prudencial de la de Alemania, con 17 proyectos, el volumen de proyectos ejecutado por otros EM se ha incrementado notablemente. Bélgica ha aumentado a 12, Países Bajos a 8, Italia a 6, Austria a 5 y, en pleno proceso del Brexit, la posición del Reino Unido se dispara hasta ejecutar 16 proyectos de cooperación delegada de las instituciones europeas (sólo uno menos que España). Otra característica a destacar es que en 2017 son mucho más numerosos los EM que ejecutan cooperación delegada, aunque sea un solo proyecto.

Cuadro 1. Número total de operaciones de cooperación delegada por la UE en los EM en 2013 y 2017

2013 2017
Francia 28 66
Alemania 32 60
España 7 17
Reino Unido 4 16
Bélgica 4 12
Países Bajos 1 8
Italia 4 6
Austria 4 5
Portugal 2 3
Finlanda 0 2
Luxemburgo 0 2
Suecia 1 2
Bulgaria 0 1
Croacia 0 1
Chipre 0 1
República Checa 0 1
Dinamarca 2 1
Estonia 0 1
Grecia 0 1
Hungría 0 1
Irlanda 0 1
Letonia 0 1
Lituania 0 1
Malta 0 1
Polonia 0 1
Rumanía 0 1
Eslovaquia 0 1
Eslovenia 0 1
Total 89 1

Fuente: Unión Europea (por cortesía del Ministerio de Asuntos Exteriores de Eslovenia).

La evolución hacia un mayor número de EM participando en estos procesos de cooperación delegada, el mayor protagonismo del Reino Unido en este ámbito y el refuerzo de las posiciones francesa y alemana se hace aún más evidente si atendemos a la distribución de operaciones de cooperación delegada por volumen de fondos canalizados. Si bien en 2014 España también era tercera, tras Alemania y Francia, es sexta en 2017, tras Alemania, Francia, Bélgica, el Reino Unido y los Países Bajos (gráfico 1).

Gráfico 1. Volumen total de fondos de la UE recibidos por organizaciones de cada EM en 2014 y 2017 (en euros). Fuente: Unión Europea (por cortesía del Ministerio de Asuntos Exteriores de Eslovenia)

Gráfico 1. Volumen total de fondos de la UE recibidos por organizaciones de cada EM en 2014 y 2017 (en euros). Fuente: Unión Europea (por cortesía del Ministerio de Asuntos Exteriores de Eslovenia)

¿Quo vadis cooperación europea?

Aunque es pronto para poder evaluar el mecanismo de cooperación delegada en términos de eficacia o impacto en desarrollo, los datos de la OCDE y de la Comisión Europea parecen mostrar el buen funcionamiento del mecanismo en términos de cooperación interestatal o interinstitucional en el marco del espacio europeo (visto el fuerte aumento en el número de operaciones, en el volumen de fondos y en el número de EM participantes).

El refuerzo de las posiciones francesa y alemana, también en este ámbito de la ayuda europea, podría suponer un mayor moldeamiento de la ayuda europea siguiendo estos dos modelos, lo que a su vez podría ser un llamamiento a una mayor proactividad de otros EM (como España) si el objetivo es perfilar una ayuda europea que responda a la diversidad política, sociológica o cultural propia de la Unión.

Por último, cabe señalar el creciente rol de un EM, el Reino Unido, que se sitúa quizás al borde de la salida de la UE y quien, sin embargo, ejecuta en estos momentos al menos 16 proyectos de cooperación en nombre de la UE y de todos sus miembros; proyectos que podrían tener una duración de medio y largo plazo superior al tiempo de permanencia que quizás le quede al país en esta unión.

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