Elecciones en EEUU: ordenando ideas

Elecciones en EEUU. Foto: Tom Arthur from Orange, CA, United States (Wikimedia Commons / CC BY-SA). Blog Elcano

Elecciones en EEUU. Foto: Tom Arthur from Orange, CA, United States (Wikimedia Commons / CC BY-SA)

El Día del Trabajo en EEUU (el primer lunes de septiembre y no el 1 de mayo por el valor simbólico de dicha fecha para la antigua Unión Soviética) marca el tradicional comienzo de la campaña electoral, sustancialmente más larga que en otras democracias avanzadas. Es importante, por lo tanto, ordenar ciertas ideas y datos que habrá que tener en cuenta tanto durante la campaña como en el resultado final de las elecciones del 3 de noviembre. Estas son algunas:

  • Es cierto que, a día de hoy, todo puede pasar (60 días pueden ser una eternidad en política estadounidense), y que la actual volatilidad de EEUU llevaría a tachar de loco a cualquiera que sea tajante con su predicción. Sin embargo, el candidato demócrata, Joe Biden, lleva meses liderando las encuestas en un muy estable primer puesto. Y, aunque aún falta para el 3 de noviembre, algunos estados, como Carolina del Norte, ya han empezado a enviar las papeletas para votar por correo.

 

  • Según las encuestas, el actual presidente de EEUU pierde en los estados clave en los que ganó en 2016. No ha liderado ninguno de los sondeos –a excepción de los relativos a Florida– desde que en abril Bernie Sanders se retirara para dejar el camino libre a Joe Biden. Pero, lo que es más importante, Trump pierde en cuatro segmentos de votantes: entre los mayores de 65 años; entre los blancos con educación superior; en el voto suburbano;  y entre los independientes. Además, se reduce el apoyo al presidente entre las mujeres blancas sin educación superior, que en 2016 le votaron con 27 puntos de diferencia sobre Hillary Clinton, una ventaja que con Biden se ha reducido a 11; o entre los evangélicos, que le votaron abrumadoramente hace cuatro años con un 81% de apoyo, y que ahora se ha reducido al 66%. Otro elemento a tener en cuenta es que en 2016 Donald Trump ganó a Hillary Clinton entre aquellos que valoraban negativamente a los dos candidatos –ambos eran muy impopulares. Ahora es Biden quien lidera en este segmento, con 40 puntos de ventaja. Algunas encuestas internas de los partidos durante y después de sus respectivas convenciones celebradas en agosto confirman que la carrera se mantiene estable, con Trump recuperando ligeramente el apoyo de los votantes rurales que le abandonaron en lo peor de la pandemia. Pero Biden sigue por delante, con una gran ventaja en algunos de los segmentos de votantes más importantes. Ningún presidente ha llegado al Labour Day con una desventaja tan clara desde George H.W. Bush en 1992.

 

  • El mensaje de Trump de que él encarna “la ley y el orden”, mientras que los demócratas traerán la anarquía y la violencia a las calles de EEUU –en el marco de las protestas y movilizaciones raciales que vive el país desde la muerte de George Floyd– no está teniendo un impacto significativo en las encuestas. Éste se ha convertido en el mensaje central de su reelección, ahora que la economía está dañada: “I’m the only thing between the American Dream and total anarchy, madness, and chaos”, afirmó durante la Convención Nacional Republicana. Una estrategia que está claramente enfocada a recuperar el voto en los suburbios y entre las mujeres. Pero aunque el mensaje puede calar –los ciudadanos no quieren más violencia en sus ciudades– los votantes dudan de que el presidente tenga el temperamento necesario para hacer frente a la actual crisis. Como es habitual en él, trata de avivar las divisiones raciales y políticas para su propio beneficio político y distraer, si cabe, de su inacción frente a la pandemia, la recesión y el origen de las protestas. Trump insiste en emular la campaña de Nixon de 1968, cuando éste se presentó como el candidato de la ley y el orden, pero EEUU ha cambiado mucho en cinco décadas. Las minorías son mucho más amplias, los suburbios están mucho más integrados y la visión de los estadounidenses blancos ha cambiado de forma significativa: están preocupados por las acciones policiales y reconocen la existencia de una discriminación contra las minorías raciales y étnicas. Pero Trump continúa agitando las aguas cuando tiene la oportunidad de calmarlas, y es que, si en 2016 venció dividiendo, esta vez no piensa vencer unificando. El presidente de EEUU tiene dificultades para encontrar las palabras con las que condenar la violencia de aquellos que ideológicamente están cercanos a él, pero le resulta fácil condenar las acciones de los que no están ideológicamente alineados con él. Y, al final, los votantes se sienten más seguros con Biden que con Trump (alrededor del 50% frente al 35%) según todas las encuestas y de todas las maneras posibles en las que se formule la pregunta. A Trump tampoco le está sirviendo de nada acusar a Biden de ser “el caballo de Troya” de la izquierda radical que destruirá la grandeza de América. Porque, culturalmente, Biden es incómodo para Trump. No encaja en el prototipo de radical: es mayor, es blanco, es un católico-irlandés y pertenece a la clase trabajadora.

 

  • Junto a los disturbios raciales, la pandemia sigue sacudiendo de una manera u otra la vida de los estadounidenses, lo que ha convertido el liderazgo de Trump en esta crisis en uno de los principales asuntos de la campaña. Incluso si la situación mejora en los próximos dos meses, la cuestión está en si los votantes van a dar crédito a Trump por ello cuando son las autoridades locales las que están tomando las riendas de la situación. La estrategia de Trump está en centrarse en el ahora y en la recuperación –aunque lenta– del empleo y la economía, junto con la promesa de lograr una vacuna antes de las elecciones en una clara maniobra política y un peligroso juego en el que hay muchas vidas en juego. El tándem Biden-Harris, sin embargo, insiste en que no se olviden los meses pasados y el desastre de la gestión de Trump, que en vez de liderar la respuesta a una crisis parecía liderar la resistencia a la guía de actuación frente a la COVID-19.

 

  • Se tensa la relación entre el presidente y los militares. Un reciente artículo de la revista The Atlantic revelaba que el presidente llamó fracasados y perdedores a los soldados que perdieron la vida en la batalla del bosque de Belleau en la I Guerra Mundial. No sería la primera vez que Trump tratara de forma irrespetuosa a las tropas estadounidenses, y son numerosos sus enfrentamientos con altos cargos del Pentágono. La tradicional lealtad a los militares es una parte importante de los valores conservadores tradicionales y éstos, a su vez, han mostrado más inclinación por los republicanos que por los demócratas. Sin embargo, la última encuesta del Military Times –publicada con anterioridad al artículo de The Atlantic– muestra una caída en el apoyo a Trump desde su elección. En la campaña de 2016, Trump lideraba las encuestas 20 puntos por encima de Clinton entre las tropas en activo, mientras que ahora Biden supera a Trump por cuatro puntos.

 

  • En 2020 el electorado es diferente al de 2016. Según un estudio de Brookings Institution, la clase blanca trabajadora ha pasado de ser el 45% en el 2016 al 41% este año; los votantes blancos con educación superior suben del 24% al 26%, y dos puntos sube también el número de latinos, del 12% al 14%. Todo esto lleva a pensar que la base de Trump se encoge ligeramente. Si nos fijamos en los 16 estados donde la carrera está más reñida, se repiten las mismas tendencias, reduciéndose el porcentaje de trabajadores blancos sin educación superior en 14 de esos 16 estados, mientras que los latinos suben en 12 (¡suponen un tercio del electorado en Arizona!), segmentos ambos que votan mayoritariamente a los demócratas.

 

  • De nuevo, las diferencias entre el voto popular y el electoral serán claves. Según estimaciones, si Biden gana el voto popular por 1-2 puntos, sus posibilidades de ganar las elecciones serían del 22%; si gana por encima de 2-3 puntos, las posibilidades suben al 46%, y si supera en 3-4 puntos a Trump en el voto popular, sus posibilidades alcanzarían el 74%. Según los datos actuales, Joe Biden tendría el 99% de posibilidades de ganar el colegio electoral.

 

  • Todo apunta a que habrá una participación masiva en las elecciones de noviembre y que, además, un alto porcentaje votará por correo como consecuencia de la pandemia. Todo un reto para los estados que deberán completar el recuento de 60 millones de votos por correo con rapidez y exactitud. Seis de cada 10 norteamericanos votarán en persona y cuatro por correo, aunque la proporción será de 8 a 2 entre los republicanos y entre los demócratas de 4 a 6. De ahí que todo apunte a que los republicanos dominarán la votación durante la noche electoral, pero que todo podría cambiar en los siguientes días. Tiempo más que suficiente para polémicas, teorías conspiratorias y sospechas de fraude por correo, como insiste Trump que así será sin datos que lo sustenten. No olvidemos que no existe una ley electoral federal, sino que son cada uno de los estados los que gestionan las elecciones. Estos han ido cambiando sus leyes electorales –tanto aquellos gobernados por demócratas como por republicanos– para adecuarlas a la actual pandemia y facilitar el voto por correo. A pesar de ello, crece la preocupación por el servicio postal y que se entreguen y lleguen a tiempo las papeletas.

 

  • A pesar de las encuestas y de los datos a favor, los demócratas están nerviosos. Por un lado, tal y cómo afirman ellos mismos, el nerviosismo forma parte de su ADN. No olvidemos, además, que si bien el electorado demócrata es estructuralmente mayoritario en EEUU, se trata de un electorado muy heterogéneo, dividido y difícil de movilizar. El republicano, por otro lado, es mucho más homogéneo. A eso hay que añadir que los votantes de Trump son más entusiastas que los de Biden, que principalmente lo que quieren es que no vuelva a ganar el actual presidente. Además, Trump ha demostrado que es capaz de hacer lo que sea para ganar. Y todo apunta a que esta vez tampoco se va a quedar quieto.

 

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