El Espectador Global, por Andrés Ortega

El regreso de la OTAN ¿o no?

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El anuncio de la muerte clínica de la OTAN a sus 65 años de edad había resultado prematuro. La OTAN está saliendo de Afganistán, una guerra larga y de inciertos resultados, pero también la mayor coalición militar de la historia: los 28 aliados más 22 Estados que han colaborado. Andaba, una vez más, preocupada por su futuro. No sabía muy bien a qué dedicarse y de hecho los preparativos para la cumbre en Gales en septiembre empezaban a desbrozar posibles futuros sobre todo dedicados a la defensa contra el terrorismo, los ciberataques y la proliferación de misiles. La crisis de Crimea y Ucrania con Rusia la ha hecho resucitar militarmente como contrapoder frente a Moscú. ¿O no?

De repente el paraguas de la OTAN –es decir, de EEUU– se ha hecho esencial para países vecinos de Rusia como los Bálticos y Polonia. Este último país solicitó tras la ocupación rusa de Crimea una reunión del Consejo del Atlántico Norte a nivel de embajadores, apelando al artículo 4 del Tratado de Washington, por el cual “las partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes fuere amenazada”.

Pero la verdad es que la OTAN, que no es ya la de la Guerra Fría, ha dejado de ser el marco para el debate geopolítico en Occidente. Se ha quedado reducida a una alianza militar o incluso a una caja de herramientas militares –incluyendo su indudable capacidad de planeamiento (la OTAN como gran máquina de planes y de maniobras)– de la que los aliados hacen uso selectivo en caso de necesidad y de acuerdo. Y esta máquina de planes se ha reactivado. De hecho, no había realizado un planeamiento militar sobre la defensa de los Bálticos hasta la crisis de Georgia de 2008. Y ahora la va a reforzar. Pero de ahí a acciones militares, más allá de algunos vuelos, hay un trecho.

Si los soldados rusos entraran en Letonia, por citar un ejemplo, se activaría el artículo 5 de defensa colectiva, pero si entraran en Ucrania oriental o en otros territorios fuera de la OTAN, no. Aunque en lo que sí se puede ver implicada la OTAN es en los “costes y consecuencias” de toda acción rusa, como señala Nick Witney del European Council on Foreign Relations. En cuanto al valor disuasorio, en Bruselas Obama ha apelado a una Alianza más fuerte en la que sus miembros gastaran más en defensa, lo que no parece aún en crisis o en deflación vaya a ocurrir, salvo cataclismo mayor. Además, como recuerda George Friedman de Stratfor, para actuar la OTAN necesita de una unanimidad que no se da en estos momentos entre los aliados como tampoco entre los socios de la UE, ni siquiera entre los geográficamente más próximos a Rusia.

Pareció como si Obama le tirara casi más de las orejas a los europeos que a los propios rusos. Pese a las palabras de dureza de Obama respecto a Moscú, la crisis de Crimea y Ucrania le ha pillado a EEUU en un momento de cierto alejamiento militar de Europa, de ensimismamiento, de retirada militar sobre sí mismo, de retrenchment. Y si acaso de pivote hacia Asia. Lo que no quita para que el gigante vuelva a despertar en Europa si las acciones rusas van a más.

Pero salvo algunas patrullas rotatorias y simbólicas aéreas en los Bálticos o el reforzamiento de vuelos de AWACS en Polonia y Rumanía, quien ha llevado la voz cantante y se ha coordinado con Washington ha sido la UE. Pese a sus limitaciones y carencias militares y políticas, la estructura de debate geopolítico, coordinación política y de sanciones económicas entre europeos y con EEUU ha sido la UE, hoy convertida en rival de la OTAN, aunque se trate en el fondo (con algunas excepciones) de los mismos Estados miembros. También la UE (con EEUU) ha ganado un papel preponderante porque hasta ahora se ha querido que la respuesta a Rusia fuera con “poder blando”, con sanciones muy centradas, y con algunos posibles cambios estructurales a la larga (como la política energética), no con fuerza militar, aunque la situación es fluida. El propio Obama lo ha dicho: “Ahora no es el momento de bravatas. La situación en Ucrania, como las crisis en muchas partes del mundo, no tiene respuestas fáciles ni una solución militar. Debemos afrontar el reto con fortaleza y convicción”.

La UE frente a Rusia es posmoderno contra moderno. La OTAN frente a Moscú sería un choque de modernos, mucho más peligroso. Además, incluso ante Siria, y con una Turquía miembro de la OTAN directamente afectada, ésta se ha quedado al margen.

Tras la secesión de Crimea, el secretario general saliente de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, ha hablado de una “asociación reforzada” con Ucrania a la que se debe abrir una “perspectiva euro-atlántica”. Pocos son los que han hablado de ampliar la OTAN a lo que queda de Ucrania. Henry Kissinger, en nombre de los realistas, se ha opuesto a ello. Tal ampliación sería seguramente un motivo de crisis mucho más profunda con una Rusia con la que se ha mantenido abierto el canal del Consejo OTAN-Rusia en la sede de la Alianza en Bruselas, mientras hay nuevos esfuerzos diplomáticos. De hecho, Putin rechazó tajantemente en 2008 la sugerencia de ampliación que hizo George Bush respecto a Ucrania y Georgia, a la que se opusieron aliados como Alemania y Francia. No hay consenso en la OTAN sobre tal ampliación. Lo que plantea la delicada cuestión de la neutralidad o neutralización de Ucrania.

Una cuestión esencial es si la crisis de Ucrania-Crimea y lo que va a venir después no va a impedir a la OTAN desarrollar sus planes para convertirse en una alianza militar mucho más global. Algo que España ha de mirar con especial atención cuando su prioridad es más Norte-Sur que Este-Oeste. De momento, Obama ha calificado a Rusia de “potencia regional”, lo que en estas circunstancias regionaliza también a la OTAN.

La OTAN es un ogro para Putin. Pero el oso ruso puede despertarla. En el fondo dependerá de qué haga Putin. Pero de momento la UE le ha ganado la mano a la OTAN. En eso también ha cambiado Europa. Aunque, como decimos, las noticias sobre la muerte de la OTAN habían sido prematuras. Los viejos soldados no mueren, se van apagando. Y con la OTAN ni siquiera pasará eso. Aguantará durante bastante tiempo más. Aunque con un alcance limitado.

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