El asesinato de Boris Nemtsov y la oposición al “putinismo” en Rusia

Asesinato de Boris Nemtsov. Dhārmikatva - Blog Elcano

(Dhārmikatva (Trabajo propio) [CC BY-SA 4.0], undefined – Wikimedia Commons)

El asesinato de Boris Nemtsov, el conocido líder opositor (y vice primer ministro en la época de Boris Yeltsin) es uno más que se produce desde la llegada al poder de Vladimir Putin en 2000. Forma parte de la construcción de un Estado ruso que constituye por sí solo una nueva especie política, por ser combinación de lo que Vladimir Putin define como “democracia soberana” (sobre el supuesto de que cada pueblo, según su carácter y tradición, debe poseer su propia democracia) y lo que calla pero es perceptible en la eliminación física de sus adversarios, sean periodistas (Paul Klebnikov y Anna Politkovskaya), políticos de la oposición (Yuri Shchekochikhin) o antiguos espías (Alexander Litvenko).

La muerte de Nemtsov, un día antes de haber convocado la “marcha de primavera” en contra del régimen de Putin y la guerra en Ucrania, es la tragedia que supone un golpe para la dividida y frágil oposición política en Rusia. Boris Nemtsov, entre sus compatriotas, fue más conocido por ser co-autor de una serie de TV sobre el gobierno de Putin y su corrupción que por haber sido fundador de varios partidos liberales (Partido Republicano de Rusia, Solidaridad y Partido Popular Libre –PARNAS–) ya que éstos gozan de poco apoyo popular. Su muerte abre la cuestión sobre el futuro de la oposición liberal al “putinismo” en Rusia.

El “putinismo” es la ideología y el sistema político creado por Vladimir Putin desde su llegada al poder en el año 2000. Su característica principal es el “Estado híbrido”, que cumple las exigencias de la democracia formal –elecciones libres, sistema pluripartidista, libre mercado y teórica libertad de expresión– pero impide la consolidación de la democracia sustancial mediante instituciones “invisibles” como el servicio secreto, el control de los medios de comunicación y la permisividad con la corrupción, y de este modo perpetúa el poder autoritario personalizado y el de las oligarquías económicas.

En Rusia existen tres grupos de partidos:

  1. El partido “oficialista”–Rusia Unida– de Vladimir Putin, que tiene mayoría absoluta en la Duma.
  1. Los partidos de la “oposición oficial”,que están registrados y participan en la competición electoral pero son controlados o han sido creados por el mismo Kremlin. Así, el régimen, combinando métodos autoritarios y pseudo-democráticos, restringe la competencia política y de este modo garantiza el poder del partido oficial, o sea, de Rusia Unida. Los partidos de la “oposición oficial” son el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), el Partido Liberal Demócrata (PLD), Rusia Justa, Patriotas de Rusia y Yabloko. Exceptuando Yabloko, todos ellos están en mayor o menor medida controlados por el Kremlin.
  1. Los partidos de la “oposición no oficial”, que son los que no han conseguido registrarse para participar en las elecciones. Los impedimentos para ello se encuentran principalmente en la Ley de los Partidos (2001), que contempla la posibilidad de prohibir el registro de un partido por su emblema, su programa o el lenguaje que utiliza. El obstáculo clave para una mayor eficacia de la oposición reside en la cláusula que prohíbe que un candidato represente a una coalición. La oposición no oficial, según su signo político, se puede dividir en tres grupos principales: nacionalistas, de izquierda y liberales. Los primeros dos –nacionalistas y de izquierda– suelen coincidir en muchos puntos de su programa político y derivan del Movimiento contra la inmigración ilegal. Los partidos liberales, aparte de los tres fundados por Nemtsov, son: el Frente de la Unión Civil, la Coalición Otra Rusia y la Unión Democrática del Pueblo Ruso.

Después de las masivas manifestaciones por el fraude electoral en diciembre de 2011 y en contra de la nueva Ley de Manifestaciones de junio de 2012, surgieron dos propuestas para acabar con el “putinismo”: Sergei Udaltsov, líder del Frente de Izquierda, y Alexei Navlini, un blogger muy popular por su lucha contra la corrupción y por haber sido encarcelado varias veces, abogaron por las “protestas permanentes”. Sus esperanzas de derrotar a Putin se basaban en la confianza en que la combinación del deterioro de la situación socio-económica, la corrupción y el desprestigio de Putin crearan las condiciones para el colapso del régimen. En cambio, Vladimir Milov y Boris Nemtsov, propusieron movilizarse por la reforma de la Ley de Partidos y cohesionar la oposición sobre este programa mínimo. El hecho de que actualmente el 86% de la población rusa apoya a su presidente por haber “devuelto Crimea a casa”, y que las leyes autoritarias son cada vez más duras, las posibilidades de éxito de la oposición son escasas. Hoy por hoy, en Rusia no hay una alternativa al “putinismo”. El Partido Comunista y los partidos nacionalistas que gozan de mayor popularidad (y que presionan a Putin ser más nacionalista que ellos para mantenerse en el poder) serían un régimen peor que el del actual presidente.

La naturaleza de los posibles cambios en Rusia todavía no está clara. Las sanciones occidentales por la implicación de Rusia en Ucrania han fortalecido la posición de Putin. Teniendo en cuenta las características de los actores actuales y el predominante papel de los silovki (expresión que proviene de la palabra sila, que significa “fuerza”) –ejército, policía y servicio secreto–, si ocurren cambios serán más producto de la improvisación y de las casualidades que de una estrategia clara de la oposición. Además, la única alternativa eficaz al “putinismo” sería una alternativa liberal. La posibilidad de que ésta surja es aún menor tras la muerte de Nemtsov.

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