#EEUU: ¿Cómo? ¿Trump pactando con los demócratas?

Trump y su equipo se reúnen en el Despacho Oval para recibir un briefing sobre el huracán Harvey el pasado 5 de septiembre. Foto: The White House (Dominio público)

Trump y su equipo se reúnen en el Despacho Oval para recibir un briefing sobre el huracán Harvey el pasado 5 de septiembre. Foto: The White House (Dominio público)

Así es. La noticia de que el presidente de EEUU ha llegado a un acuerdo con los líderes demócratas de las dos cámaras del Congreso para subir el techo de deuda y evitar el cierre del gobierno —el denominado shutdown— ha dejado atónito a más de uno, especialmente a los republicanos. ¿Por qué Trump ahora pacta con el otro bando? Hay tres posibles motivos o lecturas de este, al parecer, insólito hecho.

Por un lado, están los que alaban a Nancy Pelosi y Chuck Schumer por haber sido capaces de arrancar un acuerdo al hombre que escribió el libro sobre “El arte de la negociación”. Han obtenido todo lo que pedían: una ampliación de 90 días tanto de la financiación del gobierno para evitar su cierre como la subida del techo de deuda de manera que se garantice la aprobación de los casi 8.000 millones de dólares para los damnificados por el huracán Harvey. Pelosi y Schumer cuentan con una amplia experiencia en estos menesteres y así lo han demostrado, sin olvidar que los demócratas se están mostrado mucho más unidos que los republicanos y eso ayuda.

La segunda interpretación es que Donald Trump ha puesto, por fin, algo de sentido común a su presidencia después de una tragedia como la de Harvey y pendiente además del paso de Irma. También sentido común porque de no aumentarse el techo de gasto u obligar al cierre del gobierno como ocurrió en 2013 se perjudicaría la calificación crediticia de EEUU y dañaría la economía. No olvidemos tampoco que agosto fue un mes muy convulso para la Casa Blanca. Charlottesville y las provocadoras palabras de Trump sobre lo acontecido tiraron por los suelos sus índices de aprobación. Y ahora, en septiembre, tocaba volver al trabajo  con una intensa agenda en el Congreso en la que había que aprobar fondos para el gobierno, subir el techo de deuda y evitar un enfrentamiento con el tema de la financiación del muro de México. Había bastante pesimismo. Pero llegó Harvey, y con él el optimismo de que la devastación incentivara al Congreso para evitar el cierre del gobierno y una crisis del techo de deuda. Las tragedias nacionales suelen, de hecho, ir acompañadas de medidas que muestran la unidad entre los que gobiernan, legislan y hacen oposición.

Y no viene mal hacer un paréntesis para mencionar que México ofreció ayuda a su vecino del norte tras el paso de Harvey y que, a pesar de lo que algunos pudieran pensar, no era oferta vacía o simbólica. México tiene buenas capacidades de búsqueda y rescate en caso de catástrofe que, además, ya puso al servicio de los estadounidenses en 2005 tras el Katrina. George W. Bush sí aceptó la ayuda de México. Trump, sin embargo, la ha rechazado porque aceptarla hubiera sido un signo de debilidad.

Republicanos contra Trump

Pero volviendo al acuerdo de Trump con los demócratas, ni el buen hacer de estos últimos, ni el sentido común de Trump han sido determinantes. Habría que apostar, más bien, por su creciente animadversión hacia los líderes republicanos McConnell y Ryan. Ni siquiera la salida de la Casa Blanca de Reince Priebus, del fugaz Anthony Scaramucci, y de los controvertidos asesores Steve Bannon y Sebastian Gorka, y por lo tanto la formación de un nuevo equipo, ha evitado que Trump chocara frontalmente contra el líder republicano del Senado, Mitch McConnell, y con el presidente de la Cámara baja Paul Ryan, a los que acusa de paralizar su agenda.

El caso es que Trump nunca ha dado la sensación de estar muy interesado en la relación con el Congreso, dejando ese trabajo al vicepresidente Mike Pence. Trump sí habla con ciertos senadores de forma individual pero, según algunos cuentan, diciendo a cada uno cosas diferentes y, por lo tanto, lastrando el sentido de unidad. Esto ha llevado a una serie de rebeliones republicanas contra el liderazgo de Trump. Como el de John McCain, votando contra la legislación que derogaba el Obamacare; o el senador Jeff Flake, que en su nuevo libro condena a su partido por aceptar a Trump; o Bob Corker que cuestiona las aptitudes del presidente; y Thom Tilles, que trata de proteger la investigación que lidera Robert Muller sobre la posible colusión entre la campaña de Trump y Rusia.

Seguramente para el presidente McConnell y Ryan no le están sirviendo como él esperaba o no son lo suficientemente leales o las dos cosas. Se ha sentido traicionado, le han avergonzado, no le han defendido. Así que les ha castigado. Y es que pocas horas antes de que Trump hiciera público el acuerdo con Pelosi y Schumer el propio Ryan había calificado la propuesta demócrata como una idea ridícula, vergonzosa, e inviable.

A Trump no le ha costado mucho negociar con los demócratas porque le ayuda su carencia de límite ideológico y, por lo tanto, no le importa cambiar de idea o de bando si el negocio es bueno. Una característica que puede ser a veces mala o a veces buena. Y ahora lo estamos viendo también con el futuro de los denominados dreamers. Tras anunciar la liquidación del programa que permite permanecer legalmente en EEUU a los sin papeles que llegaron al país siendo menores, ahora apoya su regularización en el Congreso a cambio de que se aprueben fondos para la construcción del muro con México. Los 800.00 inmigrantes se convierten así en moneda de cambio de una negociación. Todo puede tener un precio: cambio dreamers por techo de gasto, techo de gasto por metros de muro, muro por cierre del gobierno, cierre por víctimas del Harvey, y víctimas del Harvey por reforma migratoria. Con Trump, todo es posible. Ya nada es insólito.

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