EEUU 2016: ¿dejará de ser Ohio el “Aragón americano”?

"Greetings From Youngstown, Ohio". De la colección de postales sobre esta ciudad en los años 40. Foto: Mark Vitullo / Flickr (CC BY-NC-ND 2.0). Blog Elcano

“Greetings From Youngstown, Ohio”. De la colección de postales sobre esta ciudad en los años 40. Foto:
Mark Vitullo / Flickr (CC BY-NC-ND 2.0).

A pocos días de que se celebren las elecciones presidenciales en EEUU todas las encuestas dan una sólida ventaja a Hillary Clinton en la carrera por llegar a la Casa Blanca, pues a la espera de conocer el impacto definitivo de la investigación por parte del FBI de nuevos correos privados de la candidata demócrata, a 1 de noviembre los distintos modelos de predicción sitúan la probabilidad de su victoria por encima del 70%. Esto es debido a que al margen de consolidarse en Estados rurales del interior del país, a Donald Trump no sólo le está costando tomar ventaja en alguno de los “swing states” fundamentales para el triunfo final, sino que su polémica campaña ha permitido que tradicionales feudos republicanos como Arizona, Georgia o incluso Utah se hayan convertido en campos de batalla electoral.

Ante este escenario (que en cualquier caso está siendo más volátil y por tanto más impredecible que en pasadas elecciones) resulta especialmente llamativo observar cómo en Ohio se mantiene una ventaja significativa en favor del candidato republicano, lo que dado los antecedentes históricos no resulta una cuestión baladí: desde el asesinato de J. F. Kennedy en 1963, el candidato que se ha impuesto allí ha acabado sentado en el Despacho Oval. Tal y como sucede en España con Aragón (fenómeno explicado en el fantástico libro “Aragón es nuestro Ohio”), la estructura sociodemográfica de este estado del Medio Oeste lo ha convertido durante las últimas cinco décadas en una suerte de microcosmos nacional a partir del cual se han podido predecir las tendencias electorales del conjunto del país. ¿Qué se esconde entonces tras la posible ruptura de esta concordancia el próximo 8 de noviembre?

Desde comienzos del siglo XX, Ohio ha sido el corazón del cinturón industrial del país cuya producción manufacturera y siderúrgica empezó a decaer en la década de 1960 hasta el punto de ser rebautizado posteriormente como “Rust Belt” (“cinturón de óxido”). Podría decirse que Ohio, junto a sus vecinos Pennsylvania, Indiana y Michigan (donde se ubica el paradigmático caso de Detroit) han sido los principales perdedores estadounidenses de un proceso globalizador que, caracterizado por tratados de libre comercio y deslocalizaciones fabriles, ha reducido de manera progresiva su peso económico y demográfico. Y todo ello en contraposición con zonas pujantes como California, Texas o Florida, donde este mismo proceso ha potenciado sectores tales como el tecnológico, financiero y turístico.

Evolución del peso económico y demográfico de Ohio, Pennsylvania, Indiana y Michigan sobre el conjunto de EEUU. Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Bureau of Economic Analysis. Blog Elcano

Evolución del peso económico y demográfico de Ohio, Pennsylvania, Indiana y Michigan sobre el conjunto de EEUU. Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Bureau of Economic Analysis.

En este contexto no resulta difícil imaginar que el discurso abiertamente proteccionista de Trump y su nostálgico lema Make America Great Again hayan calado en una población que sufre en primera persona los efectos negativos de la globalización y apenas se beneficia de sus ventajas, al igual que viene sucediendo en otras zonas industriales decadentes del denominado “primer mundo”. Sin ir más lejos, la semana pasada fuimos testigos de cómo la región belga de Valonia estuvo a punto de dinamitar el acuerdo económico y comercial entre la Unión Europea y Canadá (CETA por sus siglas en inglés).

Así pues, una vez que el eje ideológico “proteccionismo vs. libre comercio” se está implantando con fuerza en la ciudadanía modificando el statu quo político, en la línea de lo defendido por el economista Dani Rodrik parece haber llegado el momento de que los gobernantes reflexionen acerca de la idoneidad de modular el proceso globalizador para protegerlo de sí mismo, y de esta manera poder conjugar los beneficios que otorga al conjunto de la población mundial con la defensa de los colectivos más perjudicados en los países desarrollados. En caso de no hacerlo, cuando el próximo proteccionista que aspire a la presidencia de EEUU sea un candidato educado que publique su declaración de impuestos y caiga bien a mujeres, hispanos y musulmanes, quizás ya sea demasiado tarde.

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