Bassem Sabry, el egipcio extraordinario

Bassem Sabry aún no había cumplido 32 años, pero quienes lo conocimos sabíamos que estaba llamado a desempeñar un papel importante en el futuro de su país, Egipto. Haciendo honor al significado de su nombre en árabe, lo primero que llamaba la atención de él era su naturaleza “sonriente”. Escucharlo hablar no dejaba dudas de que se trataba de un analista fuera de serie, una persona con sólidos principios humanistas y un egipcio que, ante todo, amaba su país, lo sabía explicar y veía su futuro con optimismo, a pesar de los pesares. Por desgracia para quienes disfrutábamos en su compañía, aprendíamos de sus escritos y veíamos en él la cara amable de un Egipto convulso, Bassem falleció ayer en un accidente doméstico en El Cairo.

Un repaso de las redes sociales anoche y esta mañana es suficiente para comprobar el respeto y admiración que Bassem despertó entre personas muy diversas de todo el mundo. Más extraordinario si cabe es ver cómo egipcios profundamente enfrentados entre sí en el actual contexto polarizado de su país coinciden en destacar la valía de Bassem, su sensatez y la honestidad de sus posiciones durante los complicadísimos tres años transcurridos desde la caída de Mubarak. Si alguien podía hablar con todos y ser respetado por todos, ese era Bassem Sabry. Él siempre creyó que en Egipto cabían todos los egipcios, por muy diferentes que fueran sus visiones del mundo. También estaba convencido de que la única salida a la actual situación destructiva es el diálogo y la inclusión.

Como comentarista político, Bassem no dejaba que sus preferencias personales nublaran su juicio. Como activista, aportaba claridad y esperanza en un futuro mejor para su país. Como amigo, era ocurrente, divertido y lleno de calidez humana. Ayer mismo intercambiamos mensajes y quedamos en llamarnos hoy por teléfono para debatir un texto que estaba escribiendo para el Instituto Elcano. Hoy el vacío que queda tras su muerte es enorme, y mañana nos faltará la claridad de sus análisis y la inspiración de sus conversaciones.

A pesar de su juventud, Bassem acumulaba sabiduría, sentido común y generosidad. Para quien quiera conocer un poco más a este egipcio extraordinario, le recomiendo leer el texto que escribió cuando cumplió 30 años, en octubre de 2012. Se titula Eleuteria y es un auténtico canto a la vida. Aquí unas breves líneas:

“También he aprendido que puedo ser mejor, sin importar lo mayor que me haga, y que la juventud y la senilidad son estados de la mente y del espíritu antes de ser estados del cuerpo. También he aprendido a tratar de despertar cada día siendo una persona mejor que el día anterior, aunque sólo sea un poquito, y hacerlo sonriendo aunque sea una sonrisa forzada. Una sonrisa te mantiene vivo y mirar a la gente con una sonrisa es un acto de verdadera
generosidad”.

Descansa en paz, amigo.

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