América Latina, Naciones Unidas y el ISIS

En el marco de la 69ª Asamblea General de la ONU uno de los temas que centró la atención de los participantes fue el accionar del ISIS y la propuesta de EEUU de forjar una gran coalición internacional para enfrentarlo. En esto coincidieron muchas delegaciones latinoamericanas que expresaron sus puntos de vista sin grandes sorpresas respecto a recientes manifestaciones de política internacional. Quizá el anuncio más llamativo fue el de Enrique Peña Nieto y su decisión de que México participe en misiones humanitarias de la ONU.

La mayoría de las delegaciones condenó al terrorismo islámico y sus actos de barbarie, pero como el tema afectaba directamente a EEUU, los distintos gobiernos regionales mantuvieron posturas distintas, incluso contradictorias. En algunos casos, como Cuba, Venezuela, Ecuador o Bolivia, los discursos estuvieron condicionados por la cercanía a Rusia y a través de ella a Siria. De ahí la condena a los ataques contra el ISIS, presentados como una agresión contra la soberanía siria. También vincularon estos ataques con otras intervenciones occidentales recientes, como en Libia, Sahel o Ucrania.

Argentina, muy próxima a las posiciones bolivarianas, y enfrentada abiertamente con la Administración Obama por los llamados fondos buitres, mantuvo una postura de dureza. Cristina Fernández llegó incluso a comparar el terrorismo con el terrorismo económico. Y si en Nueva York alertó de un posible atentado del ISIS en su contra, a su regreso a Buenos Aires y dando un giro de 180º, advirtió de que si le pasaba algo no habría que mirar en dirección al Oriente sino hacia el Norte.

Algo más sorprendente fue la postura de Dilma Rousseff. Al tradicional antinorteamericanismo brasileño, acentuado en los gobiernos del PT y más tras las denuncias de Snowden, en esta ocasión no debe olvidarse que Rousseff se está jugando su reelección, lo que la llevó a pronunciar un discurso de mayor firmeza. Quizá lo más llamativo de su intervención no haya sido tanto la condena al uso de la fuerza, y más si se realiza sin la aprobación del Consejo de Seguridad, sino su clara apuesta por el diálogo con los terroristas, lo que provocó un gran rechazo dentro de Brasil.

Pese a estas manifestaciones, el Departamento de Estado intentó sumar a Brasil y, aparentemente también, a México a la coalición internacional contra ISIS, aunque los esfuerzos realizados de momento han sido infructuosos. Resulta cuanto menos curioso que América Latina sea la única región de peso en el mundo sin representantes en dicha alianza. Ni siquiera aquellos gobiernos más próximos a Washington, como México o Colombia, se han mostrado proclives a involucrarse. A lo más que llegó Juan Manuel Santos fue a abogar por la búsqueda de una solución pacífica, mientras las autoridades mexicanas insistían en que sus esfuerzos están puestos en reforzar la frontera común con EEUU.

Es verdad que a primera vista ni los gobiernos ni las sociedades latinoamericanas están directamente amenazadas por el terrorismo islámico. Sin embargo, la proximidad de algunos gobiernos regionales (Venezuela, Bolivia) a Irán o a Siria no debería pasar desapercibida. A esto se suma el riesgo potencial que implica la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay).

Una línea de intervención de algunos presidentes, entre ellos Fernández y Rousseff, fue la de plantear algunas preguntas capciosas, que si bien evitaban la crítica directa a EEUU de hecho lanzaban una potente carga de profundidad en su contra, al responsabilizarlo de todo cuanto ocurría en Medio Oriente y al sugerir la posibilidad de que estuviera de una u otra manera vinculado al origen del ISIS. No se trataba sólo de la afirmación de la presidente brasileña de que el ISIS era un subproducto, es decir una consecuencia, de la invasión norteamericana a Irak. También había cuestiones relativas a la financiación y armado del ISIS o a la forma en que numerosos freedom fighters de las primaveras árabes se habían convertido en los actuales foreign fighters presentes en Siria e Irak.

A estas cuestiones se suma la posible elección de Venezuela como miembro no permanente del Consejo de Seguridad. Esto reforzaría la posición de Rusia en su seno y permitiría a Siria contar con un importante aliado y defensor. Desde la perspectiva latinoamericana lo más grave será, de consumarse un hecho favorecido por sus gobiernos en la reunión del Grulac (Grupo latinoamericano y caribeño) de la ONU, que el régimen de Nicolás Maduro se atribuirá en numerosas ocasiones el derecho de hablar en nombre de toda la región.

Comentarios
  1. Carlos Malamud Carlos Malamud

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