Algunos conceptos clave para entender la nueva globalización (I)

Entender la nueva globalización. Exposición sobre Big Data en Somerset House. Foto: Jennifer Morrow (CC BY 2.0). Blog Elcano

Entender la nueva globalización. Exposición sobre Big Data en Somerset House. Foto: Jennifer Morrow (CC BY 2.0)

La globalización está cambiando. El proceso de ascenso de la globalización en las décadas anteriores a la Gran Recesión entró en una etapa de retroceso a partir de la década de 2010. La pandemia ha afectado de manera muy directa a la globalización. Y, aunque es demasiado pronto para hacer previsiones, la nueva presidencia en Estados Unidos puede tener consecuencias importantes. En este primer post vamos a repasar algunos conceptos que, creo, van a ser claves en la evolución futura de la globalización.

Desglobalización

El término “desglobalización” se popularizó en la década de 2010. Antes de la gran recesión los flujos internacionales de bienes, servicios, capitales y personas crecían a buen ritmo. El comercio internacional de bienes y servicios crecía aproximadamente a una tasa que era el doble de la del PIB global. A partir de 2010, sin embargo, el comercio internacional va a crecer a la misma tasa que el PIB.

El comercio internacional ya registró un frenazo en 2019, con una caída de las exportaciones mundiales de un 3% en valor, según la OMC. La pérdida de fuerza de las cadenas globales de valor, el proteccionismo, el reshoring (retorno al país de origen de actividades productivas que habían sido deslocalizadas), son algunos de los factores que se citan para explicar esta moderación del comercio.

La pandemia ha afectado con fuerza los flujos económicos internacionales. La OMC pronostica que el comercio mundial caerá un 9,2% en 2020. Por su parte,  las inversiones extranjeras directas han caído en el mundo un 49% en el primer semestre de 2020 en relación a 2019, según el último Investment Trends Monitor de la UNCTAD. La caída ha sido especialmente intensa en las economías desarrolladas (-75%).

Resiliencia

Hasta antes de la pandemia, los factores que determinaban las decisiones de deslocalización y aprovisionamiento eran sobre todo de eficiencia, de costes. Con la pandemia, las consideraciones de seguridad han pasado a un primer plano.

Resiliencia es un concepto que ha cobrado relevancia. Como consecuencia directa de los trastornos causados por el virus del COVID-19, la seguridad de los abastecimientos de productos ha adquirido prioridad. Esto se aplica a productos estratégicos como los médicos, pero también a todo tipo de productos que alimentan las cadenas globales de valor. Las interrupciones y retrasos en los suministros que ha provocado el coronavirus, por las alteraciones en los procesos de producción y en el transporte de mercancías, han hecho que la seguridad en el aprovisionamiento se haya convertido en un factor prioritario.

Pero a medio y largo plazo, las empresas van a aumentar la valoración del riesgo que supone depender para sus inputs de suministros procedentes de localizaciones alejadas geográficamente. Los trastornos que estamos viendo actualmente en los procesos de producción, que han supuesto en ciertos casos la paralización total de los mismos debido a la interrupción en el suministro de componentes esenciales, constituyen una llamada de atención muy clara sobre estos riesgos.

No sólo una epidemia médica como la actual puede alterar los flujos de bienes intermedios, sino también otros fenómenos como guerras, catástrofes naturales, etcétera.

Reestructuración de las cadenas globales de valor

Diversos factores están haciendo que las cadenas globales de valor pierdan fuerza. Aparte del proteccionismo, o del ascenso de los salarios en muchos países en desarrollo, la robotización está provocando que disminuya la importancia del factor trabajo en los procesos de producción.

Según McKinsey, sólo el 18% del comercio de bienes está basado hoy en día en motivos de arbitraje de costes laborales, es decir, en explotar la ventaja comparativa de mano de obra más barata.

Con el desarrollo de la automatización, de la inteligencia artificial, estas tendencias se intensificarán en el futuro. Las cadenas globales de valor cada vez serán más intensivas en conocimiento y en trabajo de alta cualificación.

Otros factores inciden en la pérdida de fuerza de las cadenas globales de valor. En muchos países en desarrollo el aumento del nivel de vida está provocando un aumento del consumo, y que disminuya por tanto la parte de la producción disponible para la exportación.

Producción en proximidad y regionalización

Las empresas prestan una creciente atención a la producción en “proximidad”; es decir, producir cerca de los centros de consumo para responder con más flexibilidad y rapidez a los cambios en los patrones de demanda de los consumidores.

Esto ha provocado que en una serie de productos se registre una tendencia hacia la localización del proceso de producción de forma “regional”. Es decir, los centros productivos no se sitúan necesariamente en el mismo país, pero sí en países próximos los unos a los otros.

Está aumentando la concentración regional de los flujos comerciales y de las cadenas globales de valor. Según McKinsey, “la participación del comercio de bienes entre países dentro de la misma región (a diferencia del comercio entre compradores y vendedores más alejados) disminuyó del 51% en 2000 al 45% en 2012. Esa tendencia ha comenzado a revertirse en los últimos años. La participación intrarregional en el comercio global de bienes ha aumentado 2,7 puntos porcentuales desde 2013, reflejando en parte el aumento del consumo en los mercados emergentes”.

Otro de los términos que se ha popularizado en los últimos tiempos es nearshoring. Frente al retorno al país de origen que supone el denominado reshoring, el nearshoring implica el retorno de la producción a un país cercano. El ejemplo más citado a este respecto es México en relación con Estados Unidos: muchas empresas estadounidenses están trasladando centros productivos a México. Como consecuencia, las importaciones procedentes de México han aumentado notablemente su participación en las importaciones estadounidenses en los últimos años. En el caso de las inversiones de empresas europeas, esta tendencia puede provocar un desplazamiento hacia localizaciones más cercanas, por ejemplo en África.

Comercio de servicios, servitización

Según McKinsey, el comercio de servicios crece con un 60% más de intensidad más que el comercio de bienes (al menos, antes de los trastornos causados por el coronavirus). Además, se destacan tres tipos de servicios que hasta ahora no han sido contabilizados en las estadísticas:

  • Los servicios incorporados en bienes. Representan un tercio del valor de estos bienes.
  • Los intangibles enviados por empresas a sus filiales: diseño, marca, software.
  • Los servicios digitales gratuitos: email, redes sociales, Youtube, Facebook, WeChat, etc.

De acuerdo con las estadísticas tradicionales, los servicios representan un 23% del comercio. Incorporando estos otros servicios no contabilizados, serían más del 50%, como ha señalado el estudio citado de McKinsey Global Institute (el auge del comercio de servicios ha sido analizado a fondo en el World Trade Report 2019 de la OMC).

La venta de bienes manufacturados se complementa con servicios (como mantenimiento, formación, servicios post-venta), y esto ha dado lugar a un término que también ha adquirido rápidamente popularidad: servitización.

Por otra parte, los flujos tradicionales de comercio, capitales y personas están siendo sustituidos en su dinamismo por la globalización de las ideas, los datos, y el conocimiento.

El DHL Global Connectedness Index, que elaboran los profesores de la Stern School of Business Steven A. Altman y Phillip Bastian, es un índice de conectividad global en el que se consideran cuatro grandes componentes: comercio (de bienes y servicios), capital (flujos y stocks de inversión directa e inversiones de cartera), información (tráfico de Internet, llamadas telefónicas internacionales y comercio de material impreso), y personas (migraciones, turismo y estudiantes extranjeros).

El estudio resalta el espectacular crecimiento del componente de flujos de información. La globalización, pues, sigue avanzando, pero los flujos tradicionales de comercio, capitales y personas han sido sustituidos en su dinamismo por la globalización de las ideas, datos, conocimiento.

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