Aclarando dudas sobre la guerra comercial

Aclarando dudas sobre la guerra comercial. Foto: The White House / Evan Walker (Dominio Público). Blog Elcano

Aclarando dudas sobre la guerra comercial. Foto: The White House / Evan Walker (Dominio Público).

El auge del proteccionismo está poniendo en peligro el sistema multilateral de comercio y el orden liberal internacional. Su principal inspirador, el presidente estadounidense Donald Trump, ha iniciado diversas batallas comerciales durante este año, despertando represalias por parte de sus socios comerciales.

En este entorno de cambio, impera la confusión sobre las medidas proteccionistas realmente aplicadas y las reacciones ante las mismas, creándose en consecuencia una imagen borrosa de este proceso. Por ello, parece conveniente poner negro sobre blanco qué ha pasado, qué podría pasar y cuáles podrían ser los efectos.

En febrero de 2018 la Administración Trump impuso sus primeras medidas proteccionistas: fueron aranceles sobre la importación de paneles solares y lavadoras. Con el pretexto del detrimento de estas industrias a causa de las importaciones, aprobó medidas por valor de 8.500 millones de dólares para los paneles solares, y 1.800 millones para las lavadoras. Aunque este mandato encaja dentro del marco de actuación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), provocó reacciones en China (que anunció medidas antidumping preliminares sobre la importación del grano de sorgo americano) y Corea del Sur, que llevó la disputa frente a la OMC, alegando la violación de las normas de la organización. Finalmente, el 18 de mayo, y tras las negociaciones entre Estados Unidos y China para calmar las disputas emergentes, China retiró los aranceles a la importación del grano estadounidense. El resto sigue en marcha.

La segunda batalla comercial (y que escaló el conflicto) se inició con un tuit incendiario del presidente estadounidense. La ofensiva se centró en la imposición de aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio, aplicando tasas del 25% y del 10% (respectivamente). Se impusieron formalmente a partir del 23 de marzo, pero eximiendo temporalmente a Canadá, México, la Unión Europea, Corea del Sur, Brasil, Argentina y Australia. A día de hoy, los aranceles sobre la UE, Canadá y México han tomado efecto, al tiempo que Argentina, Brasil y Corea han conseguido esquivar los aranceles a cambio de cuotas y otras concesiones. Australia sigue siendo el único socio comercial sin restricciones para el acero y el aluminio.

Estas medidas proteccionistas pusieron en jaque el sistema de la OMC bajo el pretexto de la seguridad nacional (sección 232 de la Ley de expansión Comercial de 1962). Asimismo, se abrieron varios frentes de represalias contra EEUU:

  • La UE respondió con una lista inicial que cubría 3.200 millones de dólares de productos estadounidenses. El acero y el aluminio representan el 34% de los productos afectados. Estos aranceles están en vigor a pesar de que Trump y Juncker firmaron una tregua en la guerra comercial en julio.
  • México reaccionó imponiendo aranceles con efecto inmediato a productos estadounidenses que abarcan desde el acero, a la carne de cerdo y el whisky.
  • Paralelamente, Canadá impuso aranceles a los productos estadounidenses por un total de 12.800 millones de dólares. La mitad de los productos son acero y aluminio, enfrentándose a un arancel del 25%, y los productos restantes al 10%.
  • China respondió imponiendo aranceles a los desperdicios y desechos de aluminio, carne de cerdo, frutas y nueces, y otros productos estadounidenses, por un valor de exportación de 2.400 millones de dólares.
  • Turquía anunció restricciones de 1.800 millones de dólares a las exportaciones estadounidenses. Trump exigió entonces mayores aranceles debido a la depreciación de la lira turca, 50% para el acero y 20%, para el aluminio, a lo que Turquía respondió con nuevos aranceles, incluyendo automóviles, alcohol y tabaco.

El 16 de julio de 2018, EEUU presentó disputas por separado en la OMC contra Canadá, China, la UE, México y Turquía, justificando que las medidas arancelarias defendían sus intereses de seguridad nacional. En conjunto, las cinco economías tomaron represalias arancelarias por un valor de 24.000 millones de dólares.

La tercera y más importante línea proteccionista por parte de EEUU, se ha centrado en las supuestas prácticas desleales de China relacionadas con la transferencia tecnológica, la propiedad intelectual e innovación. El 3 de abril, Washington propuso aranceles del 25% para 1.333 productos chinos, en su mayoría productos tecnológicos, médicos y de transporte, por valor de 50.000 millones de dólares.  Pekín reaccionó amenazando con aranceles adicionales del 25% para 106 productos estadounidenses valorados en 50.000 millones de dólares (en su mayoría transporte y productos vegetales –principalmente soja–). Las restricciones comerciales anunciadas se aplicaron de forma progresiva en dos fases (6 de julio y 23 de agosto), durante las cuales ambas potencias impusieron de forma recíproca los aranceles prometidos por valor de 50.000 millones de dólares. Unas semanas más tarde, Trump anunció una lista de productos por valor de 200 mil millones de dólares sobre importaciones chinas que estarían sujetas a un arancel del 10 %, y serían efectivas a partir del 24 de septiembre. Trump también anunció que la tasa aumentará al 25% el 1 de enero de 2019. Esta nueva lista combinada con la lista de 50 mil millones de dólares anterior cubriría 250 mil millones de dólares, aproximadamente el 50% de bienes importados de China en 2017. Ante la ofensiva, China respondió anunciando su plan arancelario sobre las exportaciones estadounidenses por valor de 60 mil millones de dólares.  El 24 de septiembre, los aranceles de EEUU sobre las importaciones chinas por 200 mil millones de dólares entraron en vigor; y a su vez tomaron efecto los últimos aranceles de represalia anunciados por parte de China. En todo caso, parece que la escalada irá a más por lo que podría haber comenzado la “mayor guerra comercial de la historia”.

Para terminar, el cuarto y último frente abierto por Trump se centra en automóviles y auto partes importadas de los mismos.  EEUU está estudiando aumentar los aranceles de estos productos al 25% alegando razones de seguridad nacional, lo que, según el Peterson Institute for International Economics podría destruir 195.000 empleos en dicho país. El presidente Trump amenazó a la UE con un arancel del 20% sobre todas las importaciones estadounidenses de vehículos ensamblados en su territorio; pero por el momento, se espera que prevalezca un “acuerdo de tregua” y que Trump se abstenga de imponer tarifas a los automóviles europeos.

Tomando en consideración todas las medidas citadas, parece evidente la preocupación sobre la continuidad del sistema multilateral de comercio. El presidente estadounidense se centra en subrayar los desequilibrios comerciales para respaldar su mandato, pero es dudoso que sus políticas comerciales alcancen sus objetivos teniendo en cuenta la existencia de las cadenas globales de valor, así como la importancia del comercio de servicios. Por otra parte, conviene recordar que lo que realmente importa para determinar el saldo de la balanza de pagos de un país es el diferencial entre inversión doméstica y ahorro, y no tanto la política comercial.

Aunque es difícil precisar el impacto de la guerra comercial, las estimaciones muestran que un conflicto a gran escala tendría evidentes efectos negativos para las tres principales potencias mundiales (la UE, EEUU y China). Un conflicto de estas características supondría una pérdida de alrededor del 3%-4% del PIB en estas regiones, tan grande como el efecto de la Gran Recesión de 2008-2009. Por lo tanto, no sólo la UE y China saldrían perjudicados, como Trump parece creer, dado que las pérdidas esperadas para estas economías son equivalentes. En un escenario de guerra comercial global, los países de la UE están parcialmente protegidos por su pertenencia al mercado interior europeo, pero no es así para países más pequeños y abiertos, que serían los más expuestos y perjudicados. Hablaríamos de hasta más de 10% en la caída del PIB en países como Irlanda, Canadá, Suiza, México y Corea del Sur.

Consecuencias de la guerra comercial global, % del PIB. Fuente: Jean S., Martin P. and Sapir A. (2018), International trade under attack: what strategy for Europe?, Bruegel.

Consecuencias de la guerra comercial global, % del PIB. Fuente: Jean, S., Martin, P. y Sapir, A. (2018), ‘International trade under attack: what strategy for Europe?’, Bruegel, 28/VIII/2018.

Pese a todo, la OMC anticipa un crecimiento en el volumen de comercio de mercancías del 4,4% en 2018, medido por el promedio de exportaciones e importaciones, que casi asciende al crecimiento registrado en 2017 del 4,7%. Se espera que la tasa de crecimiento se modere a 4% en 2019, por debajo de la tasa media anual de 4,8 % desde 1990, pero todavía firmemente por encima del promedio posterior a la crisis de 3,0%. Sin embargo, aunque por el momento el comercio mundial sigue creciendo, las tensiones comerciales expuestas podrían estar ya afectando la confianza empresarial y las decisiones de inversión, y estar comprometiendo la perspectiva actual.

Comentarios
  1. Alejandro Sanchez

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