El Espectador Global, por Andrés Ortega

100 años después de la revolución soviética: ¿planificación central con “Big Data”?

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100 años después de la revolución soviética: ¿planificación central con "Big Data"? Monumento Buzludja (Bulgaria). Foto: Montecruz Foto (CC BY-SA 2.0). Blog Elcano

Monumento Buzludja (Bulgaria). Foto: Montecruz Foto (CC BY-SA 2.0).

En estos días en que se conmemora el centenario de la revolución soviética, cabe preguntarse hasta qué grado de aún mayor control y represión hubiera podido llegar el sistema de haber dispuesto de instrumentos como los que ya permite Internet y las tecnologías asociadas. La Red en sus inicios se vio como un instrumento de liberación, de empoderamiento del ciudadano. Pero también se ha convertido en un instrumento de control, y no sólo de dictaduras totalitarias. Baste recordar las revelaciones de Snowden sobre el modo de proceder de la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU. Adivinar qué hubiera hecho Stalin con esos medios es mera especulación. Aunque quizá no tanto si miramos a la capacidad del sistema chino –un país formalmente comunista que se plantea erigirse en líder mundial en Inteligencia Artificial– para controlar a sus ciudadanos. No sólo manipulando los equivalentes a Twitter y otras redes sociales sino exigiendo, por ejemplo, a los usuarios de móviles en la provincia de Xinjuang, donde habitan numerosos musulmanes, que se instalen en sus móviles una aplicación para poder tenerlos constantemente controlados.

Los historiadores siguen debatiendo sobre las razones del fracaso del sistema soviético. Una de ellas fue la planificación central. Yuval Noha Harari, autor de Homo Deus, señala que “el capitalismo ganó la Guerra Fría porque el procesamiento distribuido de datos funciona mejor que el de datos centralizado”. Y, como se dice a menudo, los datos son el petróleo de la cuarta revolución industrial que estamos viviendo.

Pero si la planificación central –no el autoritarismo ni el estatismo– ha muerto en Rusia, no lo ha hecho en China, y podría resucitar de la mano de la utilización de los datos masivos. Aunque no se sabe qué piensan al respecto los dirigentes chinos, dos economistas de Sichuan, Binbin Wang y Xiaoyan LI, en un artículo en World Review of Political Economy, plantean “reconstruir” la planificación central con el uso de Big Data para reemplazar a los mercados en una economía de ese tipo, híbrida, “basada en el mercado y dirigida por la planificación”. Aunque se trate de un mercado que reposa en grandes plataformas monopolistas, como Alibaba. El presidente de esta última, Jack Ma, considera que hay que aplicar la Inteligencia Artificial a los big data para conseguir “una comprensión del mundo en tiempo real”, logrando un mercado mucho más inteligente. Pero Ma no llega a defender tan abiertamente la planificación central, aunque trabaja desde un país en el que las grandes empresas, también las privadas, suelen estar estrechamente vinculadas al Partido Comunista.

Inspirándose en las teorías del economista Friedrich Hayek, uno de los referentes del liberalismo, los dos autores del citado artículo, ven ventajas en estos big data aplicados a la planificación central: (1) los big data permiten encontrar y utilizar el llamado conocimiento tácito, que está fragmentado en la sociedad; (2) pueden mejorar la capacidad de previsión y superar el problema del retardo temporal entre la elaboración del plan y su implementación; y (3) pueden servir también para implementar la producción en masa, promoviendo una oferta y una demanda personificadas y diversificadas. Es decir, se trata de dirigir mejor el mercado, en tiempo real.

Otro análisis del tema recuerda que algún autor desde la izquierda en el mundo occidental, como Paul Mason en su libro Postcapitalismo, ya juegan con esa idea, aunque al británico sí le preocupa la consiguiente dimensión del Estado de vigilancia, que, por el contrario, estos economistas chinos ven que podría ser una necesidad.

John Thornhill, que recoge este tema en el Financial Times, ve dos problemas con este enfoque de una planificación central basada en big data. El primero es que acumular datos y utilizarlos de forma sensata son dos cosas diferentes, como reflejan muchos proyectos gubernamentales fallidos de uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Segundo, se pregunta hasta qué punto puede ser innovadora una economía basada en tales premisas. Ahora bien, añadimos, aunque China vaya detrás en innovación, ya nadie puede decir que no innova. Y cabe añadir las ansias de libertad –no tanto de democracia– que se perciben en China.

Cien años después, la distopía de la planificación central y el control total no se dan por muertas. ¿Renacerán bajo lo que algunos ya llaman un “Gosplan digital”? ¡Ay si Hayek y George Orwell levantaran la cabeza! El primero nunca se imaginó que su pensamiento llegaría a inspirar un comunismo digital. El segundo algo anticipó al respecto en su 1984.

Comentarios
  1. Jorge Mihovilovic Suarez
  2. Gerardo David Gómez Ávila

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